Todos queremos escondernos en un rincón del mundo y dar esquinazo a la realidad. Jimmy Liao nos demuestra que ello es posible en este bellísimo relato, que nace y crece como los sueños de la infancia.
Cuando el pequeño protagonista siente que la auténtica felicidad queda al otro lado del cristal y fuera de su alcance, regresa jubiloso a ese mundo de la fantasía. Un mundo en el que aún es posible el sentimiento mágico de la existencia.
Estas páginas quieren ser un alegato contra el tedio. O aún mejor: un remedio para melancólicos tan eficaz como el que, hace ya demasiado tiempo, imaginó Ray Bradbury. Y conste –dicho sea para garantizar la calidad de esta lectura– que Esconderse en un rincón del mundo (How to Own a Corner) no sólo propone un viaje sentimental para los niños. Los adultos también tenemos donde elegir en esta obra poética, liberadora e inclasificable, que nos guía por un camino de sonrisas, de confidencias y de suspiros, sin un solo asomo de cursilería o de afectación. De hecho, si algo distingue al escritor e ilustrador taiwanés Jimmy Liao, es justamente su capacidad para desprenderse de etiquetas, y alcanzar el corazón de los lectores sin que importe su edad. Liao nació para contar historias. Nació con ese talento, y con otro don igual de raro: una habilidad artística sensacional, que en este libro salta a la vista. No hace falta insistir en las bondades de su estilo, tan expresivo y encantador como las sombras de un bosque o el brillo de una bengala.
Ahora bien, ¿a qué genero pertenece Esconderse en un rincón del mundo? ¿Bajo qué concepto inscribirlo? Instantes, revelaciones, recuerdos… Ya les dije que este libro posee el fermento de la imaginación, y también mucho más.
Liao demuestra intuición y gusto a la hora de elegir sus referencias –desde Saint-Exupéry hasta Windsor McCay–, y se entrega al realismo mágico como fórmula de ruptura de todo convencionalismo.
Así de sencillo. Así de inusual. Confiemos en que este volumen seduzca al mayor número posible de lectores, y que éstos se sumen a esa legión de admiradores que, a lo largo del mundo, ha ido convirtiendo a Jimmy Liao en un verdadero fenómeno editorial.
Reseñas
Esconderse en un rincón del mundo
Cine y Letras
Escrito por Guzmán Urrero
Sábado 08 de Mayo de 2010 17:39
La noche estrellada
Cine y Letras
Escrito por Guzmán Urrero
Sábado 08 de Mayo de 2010 17:41
La pasión por los sueños se contagia. Y no falta quien, como la protagonista de este hermoso libro, va siguiendo el camino de baldosas amarillas que conduce más allá de las frustraciones cotidianas.
La niña que narra La noche estrellada (The Starry, Starry Night, 2009) nos convence de que un buen recuerdo es una medicina inmejorable. ¿Sólo eso? No. Además de la nostalgia –imposible no añorar la casa de los abuelos en la montaña–, ella emplea otros sentimientos para afrontar una existencia fría, marcada por la mínima empatía de sus padres.
Con una inventiva desbocada, la niña entra en el mundo de la imaginación cada vez que dobla la esquina. Sin embargo, ese embrujo no sería el mismo sin el apoyo imprescindible de un aliado: un vecino, un alumno nuevo que, contra su voluntad, conoce demasiado bien la soledad y el rechazo. Juntos, se evaden del mundo real y empiezan a perseguir lo imposible. Viajan a la cabaña de los abuelos, contemplan el discurrir de las nubes y se dejan mecer por las olas del estanque. Se hacen fuertes por medio de la ilusión. Esa excursión hacia el pasado es un momento crucial, el punto de no retorno en sus vidas. Y así, en este territorio encantado, se abren paso las claves de lo que ha de ser un desenlace feliz.
Leer a Jimmy Liao depara este tipo de experiencias. De él se sabe lo suficiente como para justificar su singularidad. Esa hondura, como ahora verán, tiene razones biográficas. A este mago de la publicidad una vieja pitonisa le predijo el futuro: en 1995 sería millonario. Lo que parecía un buen augurio se convirtió en maldición. Llegó la fecha señalada, y Liao cayó fulminado en mitad de la calle. Le diagnosticaron leucemia. Sometido a quimioterapia, descubrió que su creatividad debía tomar otro rumbo. Abandonó la agencia publicitaria y comenzó a elaborar álbumes ilustrados. Al dar por terminado este amargo capítulo de su vida, ganó libertad, y gracias al mensaje presente en sus libros, también se convirtió en un autor célebre.
Traigo a colación la anécdota no sólo por su interés, que bastaría, sino además, y especialmente, como dato a tener en cuenta para acercarse a libros como La noche estrellada. Al hilo de la enfermedad y de sus secuelas, podemos hablar de temas y de sentimientos que ofrecen un tono reconocible en cada álbum de Liao. Me refiero a la melancolía, la sensibilidad, el vitalismo y el espíritu juguetón encarnado en esos conejos blancos que reaparecen en todas sus obras. Cuando presentó Esconderse en un rincón del mundo habló de estas criaturas: “A menudo me preguntan por mis conejos. No tengo una razón particular para ponerlos en mis libros. Sencillamente, son adorables. Y también resultan misteriosos. Mi primer libro, Secretos en el bosque, cuenta la historia de una niña y un conejo. A mis lectores les gustó mucho, y por eso hago que estos seres aparezcan en todos mis libros ilustrados”.
Si lo buscan, también encontrarán un conejo en La noche estrellada. Un detalle de complicidad que los incondicionales de Liao –por fortuna, cada vez más– sin duda agradecerán.
999 hermanas ranas se mudan de charca
Cine y Letras
Escrito por Guzmán Urrero
Sábado 08 de Mayo de 2010 17:35
Una parábola sencilla y encantadora sobre el poder de los lazos familiares. Escrito por Ken Kimura e ilustrado por Yasunari Murakami, 999 hermanas ranas se mudan de charca es un álbum que persuade por su buen humor y su ternura.
Japón es un paraíso para los amantes de la literatura infantil. Y no sólo por los elevados índices de lectura de ese país, que sostienen una saludable producción editorial.
A diferencia de lo que sucede en otras latitudes, allí los clásicos resisten el paso de las modas. De ahí que, en una librería japonesa, uno pueda darse el gusto de encontrar –por citar dos ejemplos– toda la serie que Margret y H.A. Rey dedicaron a Curious George junto a una reedición de My Father’s Dragon (1948), de Ruth S. Garnett.
Lo mismo vale si hablamos de autores locales.
Para un lector a la vieja usanza, no hay dificultades a la hora de adquirir antiguos álbumes de Satoshi Kako, de Rieko Nakagawa o de Akiko Hayashi –acaso la mejor ilustradora del archipiélago–, y ello pese a la presencia abrumadora de libros originados por franquicias televisivas.
En ese contexto hay que situar 999 hermanas ranas se mudan de charca, un relato tan simpático y convincente como sus personajes. Uno de esos álbumes modestos que deparan mayores sorpresas que libros infantiles mucho más pretenciosos.
Y hablando de encanto, buena parte del mérito se debe al ilustrador, Yasunari Murakami, que aquí demuestra por qué un estilo expresivo y vibrante no precisa rarezas o extravagancias.
La claridad, la apuesta por los colores planos y la gracia de un diseño limpio y personal bastan para que cada una de sus láminas esté llena de vida.
Con la levedad, ligereza y ritmo que un buen cuento exige, Ken Kimura conquista a los pequeños lectores, y logra que esa numerosísima familia de ranas que protagoniza el libro –todas ellas resueltas a encontrar un nuevo estanque– encarne sentimientos como la generosidad, la valentía y la solidaridad.
Para que no falte emoción, cada episodio incluye el presagio de una catástrofe –la víbora que arrastran las ranitas más forzudas, el milano hambriento que se cierne sobre ellas–, y sin embargo, la suerte premia a estos personajes tan emprendedores.
Al fin y al cabo, la unión hace la fuerza.
Fantasía curativa
Bienvenidos a la fiesta
Esconderse en un rincón del mundo es otro libro singular de Jimmy Liao. Tiene un orden global pero, en realidad, tal como el texto de la contracubierta indica, se ve que la principal preocupación del autor es reflejar inquietudes pasadas o presentes de su propio mundo interior. De paso, también parece querer abrir las puertas a una mejor comprensión del mundo imaginativo de un niño y realizar una defensa del valor curativo de la fantasía o, dicho de otro modo, del poder transformador que puede tener la fantasía para enfrentarse a la vida cotidiana. En la primera página vemos a un gato en una ventana. Las dos dobles páginas siguientes presentan sucesivos momentos de un niño vistiéndose como para ir al colegio mientras va dirigiéndose al lector. Una doble página en negro sirve de introducción al mundo imaginativo del niño, que luego se despliega en varias dobles páginas más. Cada nueva sección se abrirá de nuevo con una doble página que contiene varios momentos consecutivos del niño hablando al lector: yendo hacia el colegio, subiendo una escalera, encima o debajo de una especie de asteroides, en distintos momentos como volando; y, finalmente, como huyendo de una corriente de agua que casi lo alcanza —una evocación de «El héroe de Haarlem», la historia del niño holandés que taponó un dique con la mano, que se cuenta en Los patines de plata, de Mary Mapes Dodge—, escena seguida por otra doble página en negro que precede a la escena final del niño en la cama, con su gato. La página final muestra el mismo gato negro del comienzo en la ventana. El objeto del libro es mostrar distintos lugares interiores en los que se refugia el protagonista o, también, una niña, tal vez dependiendo del tipo de escena. Así, al niño lo vemos en situaciones que sugieren o evocan El Principito o Charlie Brown; a la niña en un bosque saliendo de un armario como Lucy accediendo al bosque en las Crónicas de Narnia. Lo que más importa no es el desarrollo argumental, pues casi no hay tal cosa, sino cada una de las escenas, tan extraordinariamente sugerentes e imaginativas como acostumbra el autor, muchas con un conejito en algún lado, algunas con una enorme diferencia de escala entre la niña o el niño y otros seres u objetos de su entorno —como para subrayar los sentimientos de soledad y de pequeñez—.
Korokoro
Educación y Biblioteca
año 121 n.174 noviembre y diciembre
Esta historia se cuenta con imágenes. Su esencia, sin embargo, está sintetizada en una palabra, la única que encontraremos en el libro y que le da titulo. Korokoro, en japonés, significa “rodar”. Kokoro, por su parte, es un vocablo referido a lo más intimo de las cosas y las personas, invisible a los ojos y contrapuesto a las apariencias.
Con el primer significado, la autora construye la parte explicita del relato: una especia de erizo rueda por diferentes escenarios entre animales y retazos de paisaje variopintos: la rama de un árbol, el vado de un río, la madriguera de un topo… El recorrido va dejando prendidos en su púas frutos y hojas de diversos, vestigios del camino transitado. Al final de la aventura, el protagonista se libra de todo el peso sobrante ayudado por un congénere… que resulta ser un ratón. Este sorprendente desenlace, que descubre una castaña donde creíamos ver un caparazón, remite a la semántica de la segunda palabra, que además nos insinúa una interpretación más profunda de la historia, vista como metáfora de experiencia vitales que nos dejan marcas y sensaciones que necesitamos compartir con otros, a veces para disfrutarlas, otra para liberarnos de ellas.
El juego de discriminación visual, que invita a observar minuciosamente personajes y detalles, y el pequeño formato en acordeón que permite desplegar las paginas y continuar la historia girando el libro, conforman una atractiva propuesta a la que formula ilustrativa, resuelta a base de formas sutiles y una composición cromática austera (tintas negras, ocre y granate), imprime un carácter atemporal.
Teresa Corchete
