Reseñas

Un potente deseo

Bienvenidos a la fiesta
jueves, 24 de noviembre de 2011

La lectura, tanto en la primera comprensión de lo leído como en la reflexión e incorporación que viene después, supone, además de un aumento de las competencias literarias, una entrada en otros mundos y, de acuerdo con eso, una mayor amplitud mental y un reajuste de las propias experiencias. Entre otras cosas, con las historias aprendemos que la vida es, o se parece a, un haz de relatos y que, por tanto, tiene unas dimensiones fenomenológicas no lineales que, mal que bien, intentamos atrapar mediante la construcción de tramas narrativas. En ese trabajo se aprecia que los hombres tenemos «un potente deseo de extraer algún tipo de memoria coherente de nuestra cáotica y fragmentada experiencia vital, una historia elocuente que pueda transmitirse a otras personas». Luego, cada creador de relatos intenta conseguirlo a su modo y, en concreto, autores como Shaun Tan piensan que algunas ideas «pueden expresarse tan sólo a través del lenguaje silencioso de las imágenes» y que muchas emociones que son difíciles de articular mediante palabras pueden ser expresadas gráficamente. Estas últimas frases las dice cuando explica el proceso creativo que le llevó a publicar Emigrantes en Esbozos de una tierra sin nombre, un libro admirable por lo que revela de su trabajo y por la claridad de sus explicaciones.

 

Alas y olas

http://alotspetitprincep.blogspot.com/
Ressenyes de Llibres Infantils i Juvenils

Per aconseguir aquelles ales, la condició era clara: “Mai utilitzaràs la facultat del vol per a conèixer la intimitat dels altres”. Ell hi accedí. I era sincer quan va mentir en dir que compliria. I va complir molt de temps. Durant anys oblidà el seu passat de terra i volà entre les aus. El seu cos no conegué la vellesa, tot i que tampoc el plaer. Ni arrugues ni abraçades, així era la vida a l’aire. I així va ser, fins que una tarda de tempesta volà baix, prop del mar. La dona desvalguda a la seva barca plena d’aigua, el va veure i durant un instant va deixar de pensar en la mort per a desitjar estar al seu costat. Això li va salvar la vida. Aquella va ser la crida. Ell, tot i que ho intentà, no pogué ja deixar de mirar-la ni de qüestionar-se com suportava ella, en les nits del mar, aquella soledat que s’apuntava en la seva mirada i que era idèntica a la seva soledat dels anys viscuts en l’aire. Aclaparat per la curiositat, pensà que haver-se mostrat en la tempesta li donava dret a una breu mirada a la intimitat de la dona…”

Un viatge d’anada i tornada entre un home i una dona que es coneixen quan no són humans i es retroben quan encara no ho són. Una història d’anhels i trobades, de carn i d’ossos, lleument inspirada en la llegenda de la dona esquelet, que ens parla de com d’humans som tot i que no ho sapiguem, tot i que no ho semblem, tot i que no ens n’adonem.

No és la primera vegada que els dos Pablos s’uneixen per crear un àlbum, ja ho van fer a Agnès atzur (Thule, 2009) i també a Diógenes (Kalandraka, 2010), amb la qual cosa, presenten un aval immillorable, si a més hi sumem el fet que ho publica Barbara Fiore, està clar que parlem d’un títol de qualitat. Aquest seria un d’aquells àlbums que a les biblioteques ens costa tant de classificar, és una obra magnífica amb un text que parla de sentiments escrit amb subtilesa i carregat de metàfores, per la qual cosa descartem ubicar-lo a la secció dels més petits. El problema ve donat perquè se’ns presenta en un format ‘maxi’, 27x38 cm, que s’agraeix ja que el treball que Albo ha fet no es mereix una mida inferior si en volem gaudir de debò, però està comprovat que aquest tipus d’àlbums quan va a parar a la zona de lectors de 8 a 10 o d’a partir de 11, queda relegat al prestatge, no té el moviment que es mereix, els lectors d’aquella secció el descarten directament per la mida ‘de conte’ malgrat ells podrien ser-ne perfectes destinataris tot i que, no ens enganyem, aquells que gaudiran més d’aquest títol som els lectors adults amb sensibilitat per les il•lustracions de qualitat, amb això anem a parar novament a la necessitat d’establir una secció d’àlbums il•lustrats per adults, si ens posem a fer la llista dels títols que encaixen amb aquests requisits, de ben segur que en sorgirien suficients per configurar un apartat més que digne.

No cal dir, amb tot això, que recomano moltíssim aquesta obra, el text d’Albo (inspirat lleument, com ell mateix ens indica, en la llegenda esquimal “La dona esquelet”), amb les il•lustracions d’Auladell constitueixen una conjunció perfecta, narrant-nos una història preciosa que esdevé pura poesia sonora i visual, un regal per als sentits.


Sílvia Cantos

 

Otar de Katke Vermeire

Cinesyletras
Reseña escrita por Guzmán Urrero

Kaatje Vermeire tiene un talento natural para el diseño y el dibujo. Un apretado resumen de su historial no sería tan elocuente como este breve y elegante volumen: una aventura gráfica de impecable desarrollo.
Hay libros infantiles que parecen ideados para contentar a un bibliófilo. Otar pertenece a esa rara categoría.
Dieciocho láminas –organizadas y acopladas con un gusto exquisito– bastan y sobran para descubrirnos a una artista muy próxima al universo creativo de Dave McKean.
Aves en vuelo, aves manchadas por la contaminación, aves que atraviesan las dimensiones, buscan las alturas y adoptan el plumaje de otra especie: eso es, amigos, lo que nos aguarda en este librito encantador.
Muchas veces –quizá demasiadas– buscamos en los álbumes ilustrados la lógica de una fábula. Pero el planteamiento, el nudo y el desenlace son lo de menos en Otar. Aquí lo que cuenta es la belleza de las imágenes, la fuerza evocadora del color y el juego incesante de la tipografía.
¿Una trama? Faltaría más: por supuesto que la hay.

El protagonista es un ganso cuyo ímpetu en el vuelo le lleva a chocar con una lámpara. Su accidente le precipita hacia otro plano de la realidad: una ciudad de color gris, donde su planeo de ave migratoria se acomoda a las estrecheces del espacio urbano.
Vaya por dónde, el ganso es ahora una paloma común. Pero esta reencarnación tampoco le satisface. De hecho, ambiciona elevarse hasta lo más alto, como cuando sobrevolaba las nubes en pos de la línea del horizonte. Y por eso sube a la suite de un rascacielos y se acomoda en ese distante mirador.
No es el último avatar del ganso. Ya no hay posibilidad de freno y marcha atrás: cuando el mundo vuelve a quedársele pequeño, experimenta otra metamorfosis. Entonces, su vuelo se aligera, empequeñece su cuerpo y en el pecho le brota plumón encarnado. Es ahora un petirrojo: ese pajarillo que ahora canta sobre el hombro de una joven que le mira sonriente.
Ya ven que Kaatje Vermeire nos regala un billete de ida y vuelta para un viaje sorprendente. Pero ojo, porque se trata de un libro peculiar y exclusivo, con esa delicadeza y esa aspiración artística que uno agradece en estos tiempos de edición masiva e industrial.

 

Esbozos de una tierra sin nombre (El proceso de creación de Emigrantes)

Revista Babar

Como bien dice el texto de la cuarta de cubierta de este libro, “Emigrantes se ha convertido en uno de los libros más aclamados por la crítica de los últimos años”, de ahí que esté más que justificado este making-off en el que el propio Shaun Tan nos cuenta el proceso creativo de esta obra monumental, conmovedora y perfecta, que sin duda ha pasado a ser un clásico de los libros ilustrados, a pesar de su corta edad (2006, Lothian Books, Australia).
El autor, obviamente, no defiende este libro desde esas premisas, sino dado el interés que en él suscitan las notas y bocetos de otros artistas. “Los cuadernos de trabajo de otros artistas me fascinan (…) Por consiguiente, puedo imaginar que el proceso creativo de Emigrantes también podría resultar fascinante para otros lectores, especialmente teniendo en cuenta que resultó ser un proyecto largo e intrincado”.
En la Introducción, además, se nos explica el origen del libro (surgió antes el personaje que el tema de la emigración, curiosamente), y cómo la imposibilidad de encontrar una representación artística satisfactoria le llevó a optar por esa “ilustración indirecta” llena de metáforas visuales, símbolos y representaciones de la realidad no literales.
A lo largo del álbum encontramos páginas de bocetos, anotaciones manuscritas, storyboards (en las guardas) y fotografías que Shaun Tan utilizó como documentación. Uno de los documentos más significativos, por lo que tiene de inspirador, es sin duda el pasaporte de su padre, que llegó a Australia desde Malasia, y cuyo rostro podemos reconocer en las guardas de Emigrantes (dejamos a los lectores que se entretengan en buscarlo…). Otros rostros que aparecen dibujados en esas guardas los podemos contemplar aquí en las fotografías originales, junto a tremendas panorámicas de la Sala de Registro de Ellis Island de Nueva York en la primera década del siglo pasado.
Junto a los bocetos encontramos numerosas explicaciones del autor, en las que arroja luz sobre ciertos aspectos que nos ayudan a comprender mejor el mundo gráfico que construyó, con esos paisajes surreales, un alfabeto inventado (reproducido también aquí la fauna exótica basada en mezclas de animales reales, como el que acompaña al protagonista (híbrido de loro y renacuajo, según Shaun Tan), la obsesión por los pájaros como símbolo de la emigración…

A través de esquemas y notas se puede apreciar de manera privilegiada el proceso creativo, pues no solo se trata de bocetos que luego se convertirán en ilustraciones, sino de estudios de personajes, de espacios, de objetos, que sirven al autor para construir este mundo simbólico y abrumador que los emigrantes tratan de descifrar y asimilar.
En cuanto al estilo de dibujo “tan difícil y meticuloso” de estética naturalista, Tan reconoce que una de sus influencias fue El ladrón de bicicletas (Vittorio de Sica, 1948). De hecho, uno de los trabajos que consigue el protagonista del libro consiste en ir pegando carteles por la ciudad.
Esbozos de una tierra sin nombre no solo ayudará a los lectores a comprender mejor el porqué y el cómo de Emigrantes, sino que también calmará un poco el apetito que nos dejó su lectura, pues nos hará volver sobre rostros y paisajes que nos dejaron fascinados, y que ahora podremos mirar de otra manera, más completa.
“Durante los años que pasé trabajando en Emigrantes, me fui dando cuenta de que los significados verdaderos no proceden de los nombres y las etiquetas, ni siquiera de los propios objetos y acciones, sino de los recuerdos personales, las emociones y las asociaciones mentales que les atribuimos. (…) A lo mejor «pertenecer» a un lugar significa precisamente eso: superar la necesidad de entender, comprender o amoldarse a ese lugar; la adscripción de sentimientos y significados sinceros a un mundo esencialmente misterioso”.

 

Sombras

Revista Babar

No será cuestión de indagar aquí si es una constante en la infancia el desear que tu juguete favorito cobre vida (vida animada, en un sentido absoluto, es decir, que esté tan vivo como uno mismo). Pero muchos que fueron niños así lo desearon y otros que hoy lo son también lo desean. Pues de ese poder transformador de la imaginación infantil, y de su capacidad vivificadora de los objetos, nos habla esta nueva historia de Suzy Lee. La autora demuestra haber comprendido a la perfección cómo el juego en la infancia permite experimentar sin riesgos las situaciones más increíbles. Es una experimentación que aquí se realiza en un submundo de fantasía, representado en el libro por la página inferior (las páginas se vuelven de abajo arriba). De modo que lo que “leemos” son los cruzamientos entre realidad y ficción que se producen a través de la línea de cosido de las páginas.
Expliquémonos. El planteamiento inicial en la página superior (la “realidad”) es el juego de una niña en una especie de desván lleno de objetos. En la página inferior vemos de forma especular las sombras que los chismes almacenados proyectan. Y a medida que la niña juega, vamos asistiendo a la transformación de las sombras en los productos de su fantasía.
Lo fascinante (y lo complejo) de la narración de Lee es que, al transmutarse la sombra de los objetos, se produce la desaparición de los mismos en el mundo real, significando pues esa transformación-desaparición el paso al submundo; y así este submundo gana preponderancia y densidad a medida que el mundo real se vacía de escobas, bicicletas, escaleras, herramientas, aspiradoras y cajas.
Recomiendo vivamente “leer” el libro del revés, bocabajo, es decir, “desde el otro lado de la realidad”. Lo que presenciamos entonces es un cuento de sombras con varios personajes. Aparece un lobo (en su origen, la sombra de la niña con una bota rota en sus manos) que persigue a una paloma (también sombra en su origen), mientras una princesa (ídem) juega con diversos animales de la selva, y baila en el lago con los cisnes.

El clímax llega cuando el lobo traspasa la barrera entre realidad y ficción, escapa de su mundo de sombras y “sube” a la página superior para asustar a la niña. Entonces, desde el lado de la fantasía, la princesa y los animales ayudan a escapar a la niña, haciéndola entrar en el submundo (que ella misma había creado). Y, agrupándose, logran que sus sombras asemejen la silueta de un monstruo que asustará al lobo, convertido en cazador cazado. Conmovidos por sus lágrimas, y dentro de la lógica moral del juego infantil, la niña, la princesa y los animales consuelan al lobo y celebran su nueva amistad con un baile.
Todo este trepidante y tierno juego se ve interrumpido bruscamente cuando se oye una voz que grita “… ¡A cenar!”, y que devuelve la preponderancia al mundo real, donde descubrimos que todos los objetos del desván, lógicamente, han acabado desparramados por los suelos. Pero todavía queda una coda genial que no quiero desvelar aquí y reservo al “lector”.
Se habrá notado que entrecomillo una y otra vez el verbo “leer”, y quien conozca la obra de Suzy Lee sabrá por qué. En efecto, a excepción de las letras de la llamada a la cena y poco más (que no revelo), el resto de la narración es muda. Ciertamente, es más fácil para un ilustrador narrar sin palabras, si se da una de estas dos circunstancias: que la acción sea sencilla (como, pongamos por caso, en El globito rojo de Iela Mari), o que el argumento sea de sobra conocido (como en la nueva versión de Caperucita Roja, de Adolfo Serra). Pero ninguna de las dos se da en Sombras, el cual, además, narra dos acciones de forma simultánea (las de sendos mundo y submundo) e incorpora una complejidad simbólica considerable. Por ejemplo, de forma análoga a lo que ocurría en La ola, aquí el color es quintaesencia de la experiencia que vive la protagonista, y al final su vestido se encuentra empapado de tonos amarillos.

Escrito por Ignacio Ceballos Viro