Emigrantes

978-84-934811-6-2

Shaun Tan


Emigrantes

Marzo 2011 (NE) / Cartoné / 23 x 31 / 132 páginas / 24 € COMPRAR

Sinopsis

¿Qué es lo que lleva a tanta gente a dejarlo todo atrás para viajar hacia un país desconocido, un lugar en el que no tienen familia ni amigos, donde nada tiene nombre y el futuro es una incógnita? Esta novela gráfica sin palabras es la historia de cualquier emigrante, refugiado, desplazado, y un homenaje a todos los que han realizado el viaje.

SHAUN TAN es autor e ilustrador de “La cosa perdida” y “El árbol rojo”, ambos galardonados con numerosos premios internacionales y con una mención de honor en el premio Bologna Ragazzi, ambos publicados también por Barbara Fiore Editora. Entre los libros ilustrados por Shaun anteriores a éstos se incluyen “The Rabbits”, de John Marsden (Libro ilustrado del año de la CBCA), y dos más con Gary Crew: “Memorial” (un libro de honor de la CBCA) y “The Viewer” (ganador del premio Crichton de ilustración). En 2001, Shaun  recibió el World Fantasy Best Artist Award por el conjunto de su obra.

Emigrantes

SHAUN TAN, JUNIO 2006

EMIGRANTES es un libro ilustrado sin palabras, una novela gráfica silenciosa. A través de una serie de imágenes conectadas, cuenta la historia de un emigrante anónimo que deja su país natal en penosas circunstancias, cruza un océano hasta una nueva ciudad y aprende cómo vivir en ella.

La historia podría haber ocurrido en torno al año 1900, coincidiendo con las grandes corrientes migratorias de Europa hacia países como Australia y Estados Unidos. La mayor parte de mi investigación inicial se basó en historias autobiográficas recogidas por emigrantes tanto en este periodo como más recientemente; sin embargo, el mundo del libro surge, en última instancia, de referencias directas: mi interés como artista ha sido desplazar al lector con el fin de explorar mejor la idea de ser un inmigrante dentro de una cultura ajena. La ciudad donde se ilustran la mayoría de los sucesos es imaginaria; en ella, aspectos fundamentales como el idioma, el transporte, la comida, la vivienda y el trabajo son bastante extraños y, a menudo, surrealistas.

Una de las razones fundamentales por las que decidí prescindir del texto fue destacar este principio: el protagonista no puede leer ni comprender nada, así que el lector tampoco debería poder. Además, hay una lógica interna en la que todos los detalles que pueden apreciarse a medida que la historia progresa (cómo funcionan las cosas, etc.) y la ausencia de narrativa escrita parecen invitar a una lectura visual más cercana y mucho más pausada. El misterio de ese mundo se mantiene también por la ausencia de explicaciones y sugiere un viaje irreal, que es lo que he tratado de encontrar: un equivalente ficticio a la realidad a la que se enfrentan muchos inmigrantes, tanto los de otra época como nuestros contemporáneos.

La creación de lo que es, en realidad, una fantasía “social-realista” también resulta valiosa al aprovechar la naturaleza universal de todas las historias sobre migraciones, que comparten hilos comunes en los que no importan ni los lugares ni las épocas concretas, donde los individuos son de donde vienen y adonde van. Además de no necesitar traducción, considero que el material gráfico debería ser igualmente comprensible para lectores de diferentes procedencias, careciendo por sí mismo de cualquier referencia cultural. Esto fue probablemente mi mayor desafío al diseñar el libro, que tiene un sencillo formato de novela gráfica: cómo hacer que las cosas estén claras y llenas de significado, pero sean reconocibles sólo marginalmente y estén abiertas a múltiples interpretaciones.

El estilo de las ilustraciones surge sobre todo de esas viejas fotografías color sepia, auténticos documentos de la vida social de los siglos xix y principios del xx, y de algún modo el libro se comporta como una película muda, silenciosa. Mis dibujos están hechos todos a lápiz y son bastante “fotorrealistas”; intentan crear un mundo convincente de personas, animales, edificios, objetos domésticos, vehículos y paisajes naturales, todos ellos imaginarios. Una de mis primeras ideas fue hacer que el libro se pareciera a un extraño álbum de fotografías, pues me parecía que ese tipo de álbumes eran como libros ilustrados y silenciosos.

Confío en que mi libro se “lea” en parte, como una novela sobre inmigración, pero también que vaya más allá de cualquier cuestión social: que se entienda cómo las circunstancias pueden cambiar inevitablemente en la vida de todos nosotros, y cómo las personas aprenden a adaptarse y a aceptar las nuevas situaciones, sin importarles lo extraño o desconcertante que parecen al principio.

Emigrantes

ABCD
Las Artes y las Letras
ABC 806, Semana del 14 al 20 de Julio

WINSOR MCCAY NOS ENSEÑÓ A VER LO QUE NOS RODEA DE UN MODO MÁS IMAGINATIVO. CIEN AÑOS DESPUÉS DE «LITTLE NEMO», LA FANTASÍA SIGUE VIVA EN CÓMICS TAN ALEJADOS DE LO COMERCIAL COMO DEL «UNDERGROUND» DE RAÍZ REALISTA.

Si no lo creo, no lo veo. Por eso hay autores que no permiten que la realidad les estropee un buen sueño. Por eso los hay que cruzan su ansia de realidad con la alucinación, para evitar quedarse atrapados en ella. En la anécdota. En el tópico. En los lugares comunes. En lo que todos conocemos. Concretamente, hay tres que emprenden una lucha contra la realidad, cada uno a su modo, para hablar de ella con otras palabras.

La fantasía de Shaun Tan (Australia, 1974) es la más ortodoxa, en la que las referencias a la realidad están completamente camufladas en el delirio fabuloso y todo exhala ingenuidad. La de Lorenzo Mattotti (Italia, 1954) es la fantasía generada desde el dibujo, los recursos plásticos y la expresión surreal y fauvista; muy íntima y habitualmente onírica. Por su parte Nicolas de Crécy (Francia, 1963) cuenta con lamás apegada al mundo real, de hecho parte de él y sorprende a la cotidianeidad con los seresmás inesperados, entresacados C. CÓMIC del subconsciente y capaces de varear vehementemente las conductas más humanas.

A saber, un perro. Tiene gafas. Y olfato historiológico. Es fruto de la transgenética. Le encantan las salchichas, eso sí. No soporta que le traten como a un perro. Y así se lo hace saber a los humanos que le acompañan en esta expedición. Olfateando un intenso olor a antiguo ha caído por un pozo. Llega a un extraño lugar… En un viejo cartel lee «Louvre». Lamemoria ha quedado enterrada. El museo es lo único que sobrevivió a la catástrofe. «Hubo un recalentamiento. El fenómeno que habían previsto llegó mucho antes de lo esperado», dice la voz que narra este encuentro con la civilización perdida. La nuestra. La fantasía de Nicolas de Crécy es abiertamente irónica y vehemente.

REALISMO PROFUNDO. De Crécy no pierde ocasión para poner a las virtudes del humano contra las cuerdas. Ahí su fijación en la realidad. En su último trabajo publicado en España, Período glaciar (Ponent Mon) muestra cómo la voz de unos pocos, y sus ridículas elucubraciones, condicionan todo el sentido histórico de la humanidad. En el álbum, hace que vuelvan las expediciones y los exploradores. Que el hombre tenga una nueva oportunidad de descubrirse, de reinterpretarse. De inventarse. De Crécy tiene un fondo cáustico, que junto a ese arañazo con el que traza su dibujo vibrante, sucio y a medio rematar, alcanza las más certeras especulaciones sobre la crueldad del individuo (ver también León la Came, su documento más real, y Prosopopus).

Tan, Mattotti y De Crécy son profundamente realistas. Parten de referentes cercanos para alterar la visión de lo que nos rodea y consiguen que lo normal parezca increíble. En Emigrantes (Barbara Fiore Editora), Shaun Tan (galardonado en 2001 con el World Fantasy Best Artist Award) ha acudido a fotografías que documentan la migración de principios de siglo XX hacia los Estados Unidos, para entonar un documento en sepia y silencio sobre el sentido de pertenencia. Compuesto como un viejo álbum fotográfico familiar, desde las viñetas a las cubiertas, Tan logra una maravillosa novela gráfica muda. Porque no hay ni una palabra. Es el propio autor, que hasta el momento estaba etiquetado como autor de ilustración y que en Emigrantes toca por primera vez las claves de un arte secuencial como el cómic, quien asegura que una imagen muda invita a recrearse en la estampa, en la multitud de rasgos del dibujo, y permite que el lector sea el que ponga límite a su imaginación. No las palabras.

UNA BUENA ESTRATEGIA. Todas las referencias reales (como los documentos fotográficos, las costumbres y los objetos) a las que acude Tan para evitar caer en un universo impermeable, son camufladas con un brillo de fantasía inocente. Es una buena estrategia para salvaguardar el relato de las sensaciones de todo aquel que abandona su hogar en busca de una nueva vida en un país desconocido.

El más onírico de los tres autores registrados es el gran LorenzoMattotti. Asombroso, creativo e inquietante. Lo último que se ha publicado en España de él es Quimera (Sins Entido), pero Glénat tiene un catálogo muy amplio de su obra (como Cartas de una época remota y Doctor Jeckyll y Mr. Hyde), en el que se puede confirmar su talante experimental. Tiene en sus manos la nueva presencia de lo fantástico, conencuadres imposibles, perspectivas forzadas hasta la deformación, colores extravagantes hasta el grito, seres robustos y redondos como esculturas, figuras rotundas, secuencias irrepetibles e imborrables. Su desenfrenada experimentación, entre delirios y divagaciones, arranca en una postura manifiestamente onírica que le hace ver las cosas no como son, sino como quiere verlas. Siempre insólitas y deliciosas.

PEIO H. RIAÑO

Emigrantes

Revista Calle 20
LECTURAS

SHAUN TAN SORPRENDE CON ‘EMIGRANTES’

SIN UNA PALABRA. ÉSTE ES UN RELATO DE GESTOS EN EL QUE SE BEBE DE LA ILUSTRACIÓN Y EL CÓMIC AL TIEMPO

Sus tres libros que hay publicados en España (El árbol rojo, La cosa perdida y ahora Emigrantes) tienen el valor del prodigio y la capacidad de la sorpresa. Hasta el momento, Shaun Tan era un maravilloso ilustrador dedicado a la fantasía, galardonado en 2001 con el World Fantasy Best Artist Award y con una marcada obsesión por elaborar desde la viñeta hasta el embalaje del libro. Tras Emigrantes mantiene esa obsesión, pero habrá que crearle una nueva etiqueta, porque esto no es un libro ilustrado (aunque haya rastros de ilustrador). Es un autor con el experimento siempre a punto: antes no había hecho algo parecido, antes no se planteó las cuestiones más básicas de un arte secuencial como el cómic.

Shaun Tan tiene una teoría que dice que la presencia de las palabras ejerce un especial influjo sobre nuestra lectura, al quedarse con toda nuestra atención y relegar el dibujo a un segundo plano. Un plano decorativo. Sin embargo, una imagen muda invita, dice el autor, a recrearse en la estampa, en los objetos que la componen, y atender la multitud de rasgos del dibujo, que ayudan a dejar volar la imaginación del lector.

EN SILENCIO Emigrantes es una novela gráfica muda. Sin un solo bocadillo, ni una sola palabra explicativa, el poder del silencio nos obliga a mediar con cada objeto que se cruza ante nosotros, con cada circunstancia y acción. La palabra se hace gesto y la complicidad con el lector es absoluta.

El lector es quien remata las imágenes metafóricas con las que trabaja Tan, como ésa en la que aparecen colas de reptiles sobre la ciudad como símbolo de un ambiente opresivo. Al lector le corresponde decidir a qué se debe esa angustia del ciudadano, si a lo político, a lo económico o a cualquier otra cosa.

El relato: historias corrientes sobre personas que deben abandonar sus hogares para encontrar una nueva vida en un país desconocido. Preocupaciones sobre extranjeros en tierras extrañas, sobre el sentido de la palabra «pertenencia». Su padre es chino, y su madre, australiana, su noción de identidad, según reconoce, es un tanto ambigua, conoce el sentido de la separación.

Dibuja cómo debe ser para el recién llegado una ciudad extraña. Tiene la libertad que le permite su lapicero y recrea esas sensaciones en fantásticos mundos imaginarios. Siempre con referencias reales. Metamorfea objetos cotidianos (con finalidades similares a las de nuestra realidad) o acude entre sus muchas referencias a las imágenes tomadas en los primeros años de 1900, con la llegada masiva de los emigrantes europeos a Nueva York.

Esto es el viejo álbum fotográfico de la familia. Un documento, un enigma, entonado en sepia y silencio, con el que Tan encuentra una vía por la que llevar un trabajo narrativo limpio y visualmente económico a través de largos silencios, en los que todos los sentidos se ponen en alerta ante la viñeta.

Peio H. Riaño

Emigrantes

ABCD
Las Artes y las Letras
ABC 794, Semana del 21 al 27 de Abril

El álbum y el libro ilustrado está enviando una señal resplandeciente, distintiva, desde hace años. No es que toda la producción sea tan luminosa, pero las editoriales especializadas –Kókinos, OQO, Kalandraka, Serres, Ekaré y otras- ofrecen obras magníficas, dirigidas a los menores de edad y de interés general. Barbara Fiore se halla entre las última llegadas al sector, pero los álbumes que publica ya la hacen sobresalir, son marcas especiales, tal lo es esta historia sin palabras elaborada por un gran artista, del cual se encuentra dos bellas y singulares obras (castellano y catalán) en la misma editorial.
El australiano Shaun Tan ofrece ahora una novela gráfica silenciosa, en acertada expresión del editor, con la que conmueve, pues penetra en las capas profundas de un ser humano que emigra a un país lejano, lugar del que desconoce incluso los detalles y referencias culturales más inmediatas, más normales. A comienzos del siglo XX, un hombre fija la mirada en los objetos -reloj, cazuela, tetera, maleta, foto de familia- mientras prepara el viaje y une sus manos a las de su mujer, y luego despiertan a la hija y salen los tres a la calle, en una ciudad dormida, solitaria, sobre la que se cierne un extraño dragón. Son viñetas planos cortos y amplias perspectivas, de atmósfera grises y oscuras, técnica fotográfica y tonalidades que no varía en el recorrido argumental, a no ser los colores en los pocos momentos que hay algo de luz azulina, de expansión y alegría. Tras larga travesía el emigrante alcanza el nuevo mundo, y allí se encuentra muy solo, sin afectos o relaciones, incapaz de interpretar el entorno, sean el puerto marítimo y salas de control y aduanas, o sean las calles y los espacios que sean, por los cuales deambula una vez se siente inmerso en su peripecia. Nada comprende, le asombran las nubes de humo saliendo por las enormes chimeneas, son formas de vida impenetrables para él los gigantescos edificios y fábricas y desconoce el idioma, los signos elementales que le dirige la gente, y hasta los animales doméstico le resultan raros.

Entonces, si ni él sabe descifrar esos misterios, que puede pensar quien le está observando? Quien mira atento las imágenes apenas entiende, desvela el sentido de ciertos objetos, construcciones y figures, todo ello surrealista, simbólico pero reconstruye en su mente el relato de esas vivencias, de las ya descritas y de las siguientes: el pasado doloroso de una jovencita oriental, la búsqueda de trabajo, los primeros amigos y relaciones, la charla con un anciano veterano de una guerra, las fatigas, esfuerzos y sinsabores que, al fin, conducen a la esperanza y el reencuentro familiar.

Pablo Barrena

Emigrantes

Bienvenidos a la fiesta

Novela gráfica sin texto dividida en seis partes. En la primera se cuenta la partida del padre de familia, dejando atrás a su mujer y a su hija. En la segunda, su viaje en barco hasta el destino. En la tercera, la búsqueda de trabajo y el contacto con personas que, a su vez, le cuentan a él más historias de emigrantes. En la cuarta, el trabajo en la cadena de una fábrica y nuevas historias. La quinta contiene la carta a su familia para que se reúnan con él, el paso del tiempo a la espera de que lleguen, el reencuentro. En la sexta, la familia ya está instalada en el nuevo país y el relato termina con la niña que ayuda en la calle a una mujer emigrante recién llegada.
El acercamiento al mundo de los álbumes del autor es distinto a lo habitual, tanto gráficamente como en contenidos: en ambas cosas se nota su procedencia de la ciencia-ficción. En los dos que se mencionan, sus poderosas ilustraciones, bien compuestas con colages y técnica mixta, son abigarradas e intensas, tienen claras influencias surrealistas y presentan un mundo amenazador y opresivo. También en los dos el autor consigue su intención de presentar una visión inusual de la vida cotidiana, de avivar en sus lectores «la conciencia de que estamos vivos en un planeta muy extraño».

La cosa perdida es su primer álbum propio, y en él confiesa influencias de pintores como El Bosco y Hooper, y de ilustradores como Raymond Briggs y Edward Gorey.

El árbol rojo es también especial pero tal vez será menos popular debido a su tema y sus características, que harán que guste mucho a unos y poco a muchos. Es magnífica la ilustración introductoria: atractiva e inquietante a la vez, mete dentro del lector el interés por acompañar a la protagonista en su recorrido. Tanto el tono de las escasas líneas de texto, como el mismo hecho de que vaya en tipos de letra de máquina de escribir clásica, contribuye a que aumente la tensión entre texto e ilustraciones, y transmiten la impresión como de mensaje de socorro.

Emigrantes merece una consideración aparte pues no es un álbum sino una poderosa y singular novela gráfica. El autor dedicó cuatro años a recoger recuerdos y documentación, de su propia familia y de gente que pasó por circunstancias parecidas, y a confeccionar las ilustraciones de la historia. Estas aparecen en dibujos como de carboncillo pero fueron realizados después de un largo proceso de documentación, montaje y tratamiento por ordenador, a partir de antiguas fotografías de gente, otras de paisajes urbanos como el del puerto de Nueva York a comienzos del siglo XX, otras de escenas montadas y fotografiadas expresamente.
La historia se puede seguir con facilidad: la ausencia de texto, que sugiere las dificultades de comunicación propias de un recién llegado a un nuevo país, carga el relato en la continuidad de las imágenes —para las que se inspiró en El muñeco de nieve, de Raymond Briggs— y reclama del lector una observación y reflexión atentas. Se combinan ilustraciones grandes para los momentos claves, con otras páginas repletas de viñetas en las que se cuentan distintos momentos de la historia: el padre que confecciona una pajarita para su hija, la sucesión de las nubes para sugerir estados anímicos y el paso del tiempo cuando viaja en barco, los esfuerzos para comunicarse por escrito con otras personas, etc.
Como en La cosa perdida y El árbol rojo, también en este caso los escenarios son oprimentes y surrealistas: es un acierto ese modo de sugerir la extrañeza y el sentido de amenaza que invaden al protagonista. La historia, sin embargo, es positiva: hay cercanía familiar a pesar de la separación, hay un ansia patente de vivir arraigado en un lugar, hay calor en las relaciones humanas pues hay gente con deseos de ayudar, se muestran detalles que recogen la tendencia natural a buscar refugio en objetos y costumbres para combatir la soledad y la inseguridad. Es un detalle magnífico el recurso a una especie de animal de compañía extraño que acaba estando afectivamente muy próximo al protagonista, algo que al autor se le ocurrió, con motivo de sus viajes, al ver qué diferentes son las costumbres al respecto en unos y otros países.
El autor hace rendir al máximo los recursos del cómic y de los álbumes ilustrados y obtiene un libro de gran poder emocional. Aunque manifiesta que su intención al componerlo era provocar resonancias intuitivas en los lectores y que no le movió una intención documental, lo cierto es que ha logrado una obra que, si no recoge datos históricos, sí captura sentimientos humanos permanentes.

Emigrantes

El Cultural

La ilustración tiene la capacidad de recoger en una sola imagen una gama de situaciones que suceden en paralelo, además de construir metáforas y ambientes que de ser plasmados de forma escrita sacrificarían la inmediatez y ligereza conseguida, pues requerirían de varias páginas para transmitir algo parecido. A diferencia del cine, los libros ilustrados no imponen un ritmo de lectura. En un libro ilustrado sin palabras la tentación de verbalizar, de trasladar al lenguaje oral lo que narran las imágenes es una empresa destinada al naufragio que traiciona el sentido de este medio de creación.

Emigrantes es, en su género, el mejor libro que ha pasado por mis manos. Una primera lectura nos sumerge en la perspectiva del anónimo y universal protagonista de la migración, captando con especial maestría la tensión entre la novedad y la pérdida, la incomunicación y la necesidad de comprender aquella realidad que viene a ser su nuevo hogar. En lecturas posteriores, el libro participa de esa permanencia en el cambio que caracteriza al recuerdo. La misma tonalidad sepia de viejas fotografías, recreada con lápices, imprime un registro realista al imaginario universo construido. Tras varias incursiones, ahora podemos detenernos a descubrir cómo Shaun Tan ha construido la historia, en la pericia y sutileza con la cual dispone de los recursos narrativos, en el telón documental y la reflexión que subyace o en las peculiaridades que tiene el género del cual es el mayor exponente: la fantasía social-realista. Emigrantes no se agota en sus lecturas. Su mutismo es afín al silencio del inmigrante, pero también el rasgo que lo hace universal.

Gustavo Puerta Leisse

Emigrantes

La cárcel de papel
Diarios de Tebeos

Suelo tener muchos prejuicios ante los ilustradores que se pasan a la historieta. Pese a todas sus evidentes relaciones, ilustración y tebeos tienen lenguajes muy diferenciados, que utilizan recursos en muchos casos muy alejados, que pueden llegar a interferir negativamente entre sí. La concepción narrativa de la ilustración puede ser, en ocasiones, una rémora para la secuencia de la historieta, aunque en muchos casos el mayor problema estriba en que la traslación de uno a otro campo transforma la historieta en un seguido de ilustraciones, donde el aspecto estético-compositivo prima sobre la narración.
Unos prejuicios que el ilustrador Shaun Tan me ha destrozado en Emigrantes, que acaba de editar, primorosamente, Barbara Fiore Editora. El australiano es un dotado artista, con una impresionante habilidad camaleónica, que le permite variar su estilo en cada nuevo trabajo, pero siempre desde una magistralidad y profundo dominio de la técnica. Obras como La cosa perdida o El árbol rojo, publicados por la misma editorial, son buenos ejemplos.

Sin embargo, con esta nueva obra Tan rompe radicalmente con sus anteriores trabajos, afrontando una historia propia con un estilo espectacular hiperrealista, penetrando en el mundo de la historieta para contar la dificultad del emigrante, el impacto que le supone la inmersión en una cultura que no es la suya. A priori, un argumento en el que es difícil evitar los tópicos manidos, pero que multiplica su complejidad cuando lo que se quiere es transmitir este mensaje a un niño. Una dificultad que Tan sabe salvar con exquisita elegancia, evitando las palabras y plasmando en imágenes la sensación de soledad del emigrante a través del contraste entre una realidad presentada de forma casi fotográfica y una fantasía desbordante. El emigrante sale de una existencia gris para entrar en una ciudad mágica, donde la imaginación se desborda visualmente, pero que supone una serie de códigos indescifrables para él. El hiperrealismo fotográfico, con esos tonos sepia que recuerdan las antiguas fotografías de aquellos que llegaban a América a principios de siglo, se opone así a arquitecturas imposibles que beben directamente del universo de las Ciudades Oscuras de Schuiten y Peeters, o a criaturas imposibles que recuerdan a las faunas fantásticas de Miyazaki o Dave McKean. Un estilo cuidado en el que la narración gráfica y la ilustración se van alternando en un equilibrio casi perfecto.
Tan consigue una historia universal, perfecta para un niño, pero tremendamente evocadora para el lector adulto, que disfrutará igualmente de ella.
Una obra de una belleza exuberante, recomendabilísima.

Álvaro Pons

Emigrantes

CLIJ
Número 20
Mayo 2007

Una novela gráfica sin palabras. Así define Shaun Tan, el dibujante y guionista de este Emigrantes , su propia obra. Y, sin duda, es el mejor resumen que puede hacerse de este magnífico volumen que narra una historia atemporal: la emigración en penosas circunstancias económicas. Tan prescinde del taxto porque entiende que el personaje viaja a un lugar en el desconoce el idioma y el lector puede identificarse mejor con su circunstancia. También incorpora elementos extraños (máquinas imposibles, animales desconocidos, comida rara, etc.) que hace que el relato se acerque a la ciencia ficción de un Philipp K. Dick o la terrible sociedad de Orwell por ejemplo, pero sin perder la originalidad y la capacidad de sorprender en cada página.

Un album ilustrado de edición de lujosa que, aunque no es un cómic al uso, sí utiliza elementos narrativos característicos de ste género que hacen que el libro pueda interesar a los lectores habituales de historietas aparte de, claro está, a todos aquellos que disfruten con uno de los más sobresalientes ilustradores del momento, premiado en varias ocasiones y cuya obras han sido traducidas a numerosas idiomas.

Gabriel Abril

ABCD
Semana del 1 al 7 de diciembre.

Shau Tan nació en Australia en 1974. Es un ilustrador notable, que maneja como pocos el lenguaje visual; sus trazos trasmiten emociones y sentimientos a través de su gran calidad artística. Estimulado desde niño por las lecturas de su madre antes de ir dormir, hoy trabaja como ilustrador freelance, además de pintar y colaborar en cien y teatro.

¿Como comenzó con los “libros ilustrados para lectores adultos”?
Empecé ilustrando libros de ciencia ficción y fantasía para adultos; con lo cual cuando me ofrecieron trabajar para un autor muy conocido aquí en Australia, Gary Crew, fue una transición bastante fácil. El libro se llamaba The Viewer y trataba de un niño que descubre una máquina siniestra, que revela varios horrores y desastres de la historia. Es decir, se trata de un relato de horror/ciencia ficción, dirigido a lectores jóvenes a partir de 10 años, y no a niños pequeños por supuesto.

¿Considera que es difícil para el público mayoritario leer y entender este tipo de libros, debido al prejuicio de que los dibujos e ilustraciones son para niños?
Si, aunque eso varía de cultura en cultura. En lugares como Francia o Japón, parece que la literatura ilustrada no es vista como algo exclusiva para los niños, mientras que en Australia suele existir esa suposición. Realmente, sólo tiene que ver con la tradición y las convenciones: la mayoría de los libros ilustrados son para niños, un 99 por ciento o más. Sin embargo, creo que esto está cambiando, especialmente con el interés masivo por la “novela gráfica”, que yo veo como otro término para “libro ilustrado”, que se vuelve popular y además es anunciada por las editoriales como algo diferente de la literatura juvenil.Y, de todos modos, una vez que los lectores comienzan a mirar en detalle un libro ilustrado, suele resultar obvio qué nivel de sofisticación o metáfora puede llegar a tener. Varía de lector a lector: algunos pueden no verlo en absoluto. Los libros ilustrados pueden ser casi un test para comprobar lo cuidadosas que son las personas como lectores.

Sus libros se venden en muchos países diferentes. ¿Como se imagina a sus lectores?
Es una muy buena pregunta. Realmente, no pienso en ello. Pero cuando lo hago los veo como personas que probablemente sean muy similares a mí mismo, con un buen sentido del humor, además de estar interesadas en los sueños y el surrealismo. Con frecuencia imagino que a las personas a las que les gustan mis libros les gusta también dibujar o tienen algún interés en ello.

Su libro Emigrantes se refiere a un tema que se produce nuevamente en neutros días, en un sentido inverso: la inmigración desde América del Sur y África hacia Europa. Se ha sentido influido por estos hechos recientes para la realización del libro?
La historia reciente no tuvo tanta influencia en mi idea del libro como la del pasado. Es decir, Emigrantes se inspira en la experiencia de la inmigración del siglo XIX y principios del XX. Al comienzo, mi principal punto de referencia fue la influencia de los inmigrantes europeos en Australia en los años 50 y 60. Probablemente estoy más interesado en el pasad que en el presente, ya que como artista hay que tomar una cierta “distancia” del tema, para poder apartarse de él y reflejarlo. Con una experiencia más contemporánea, suele dudar de cómo leerla, ya que aún está sucediendo. De todos modos, la historia tampoco es diferente del presente, los seres humanos son los mismos, con los mismos problemas, así que sigue sendo relevante. Creo que Emigrantes capturar sólo algunos aspectos de la inmigración, pero permite al lector generalizar y aplicar sus principios a cosas que están sucediendo a nuestro alrededor en la actualidad.

Usted también es pintor.¿En qué se parece o diferencia esta experiencia de la de ilustrar libros?
Esta es otra pregunta muy interesante, y sobre todo la que tampoco pienso mucho. La diferencia principal entre las dos es que mis pinturas suelen ser sobre cosas que veo todo los días y conozco bien, mi familia y mis amigos, mi patio trasero, el desierto australiano, y mis libros son acerca de cosas que no conozco para nada; cómo es ser un inmigrante, por ejemplo, o animales extraños y mundos que no existen. La experiencia de pintar alimenta el trabajo de los libros, en realidad todo mi trabajo proviene de una observación directa de la vida diaria, y uso esto como un conjunto de herramientas para construir un mundo imaginario. No creo que pudiese producir un buen libro trabajando sólo desde mi cabeza, o sin la experiencia de pintar sobre la vida.

Algunas de sus películas favoritas son “La guerra de las galaxias” y “ Cristal oscuro”. ¿Algún filme más reciente le ha gustado tanto como ellas?
Sí, especialmente esas películas que crean un universo que parece estar ubicado en un mundo alternativo, o en un pasado diferente. Por ejemplo, Brazil de Ferry Giliam, que tuvo una gran influencia en mi libro La cosa perdida, o Bienvenidos a Belleville, debido a su comunicación visual sin diálogo y a sus magnificas ilustraciones. En término de estilo, me atraen las películas que evitan los efectos especiales sofisticados a favor de otros más simples, soluciones teatrales como las de trabajo de Michel Gondry, por ejemplo ¡Olvídate de mi!, o el manejo de marionetas que vemos en El Laberinto del Fauno. Sin embargo, creo que hay una escasez de buenas creaciones originales de mundos fantásticos en las películas, comparado con algo como las novelas graficas, donde quizas haya mas libertad logística: no hay que lidiar con tanta gente y con tanto dinero.

¿Tiene alguna exposición planeada en el futuro?
Hay una en la Galería de Arte de Vancouver en mayo de 2008, donde contribuiré con algunos de mis trabajos para una exhibición sobre novelas graficas, animación, juegos y animación. La muestra se llama Krazy! Y los comisarios son Art Spiegalman y Seth. Tambén es probable que exponga trabajos en la Feria del Libro de Bolonia, un libro en una feria de libro de Tapei, posiblemente también en Argentina y en Japón, además de varios sitios en Autralia.

Gabriela Pedranti

 

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