El pato y la muerte 2ªE

978-84-15208-12-9

Wolf Erlbruch


El pato y la muerte

Septiembre 2011 / Cartoné / 12 x 17 / 32 páginas + guardas / 10 € COMPRAR

Sinopsis

“Siempre llega un momento en que el niño se pregunta sobre la muerte. Ingenuamente, con toda la naturalidad del mundo. Los padres lo saben, pero pocas veces tienen preparada una respuesta simple y convincente. El personaje de la muerte en este libro de Erlbruch es una acompañante silenciosa y leve como una pluma, siempre presente aunque no la percibamos: Desde hacía tiempo, el pato notaba algo extraño. -¿Quién eres? ¿Por qué me sigues tan de cerca y sin hacer ruido? La muerte le contestó: -Me alegro de que por fin me hayas visto. Soy la muerte. El pato se asustó. Quién no lo habría hecho. -¿Ya vienes a buscarme? -He estado cerca de ti desde el día en que naciste… por si acaso. -¿Por si acaso? -preguntó el pato. -Sí, por si te pasaba algo. Un resfriado serio, un accidente… ¡nunca se sabe! - Sí, nunca se sabe… pero si de algo podemos estar seguros es que Wolf Erlbruch responde con sencillez las grandes preguntas con la poesía de sus ilustraciones y de sus historias. Para niños y adultos.“

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Un libro para mecerse entre las plumas de la muerte. Una muerte simpática que siempre nos acompaña para que no quedemos solos. Una muerte silenciosa que nos despide acariciándonos con un tulipán. El tulipán que nos guiará en nuestra marcha. Un libro para mecerse en los silencios, en las palabras, en las ilustraciones.
Wolf Ehrlbruch consigue que nazca un tulipán en algún lugar de nuestro desordenado corazón. Un tulipán sin edad para niños, para nosotros y para los que ya piensan en marchar.

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El Diario de Jerez

Un nuevo libro de Barbara Fiore que, como siempre, hace raya: ¿un libro para niños? ¿Y por qué no? ¿Por qué no? ¿Por qué habla de la muerte, porque sale la muerte? Es un libro emocionante, poético hasta en el diseño de los personajes, aunque esté contado en prosa. Si el pato no deja de ser un pato, aunque eso sí muy estilizado. La muerte parece muy familiar: parece que lleva un babi y una alpargatas o sandalias: ¿cómo consigue Wolf Erlbruch hacer de este personaje, siempre tan siniestro en la literatura, un ser próximo y entrañable?
La conversación que tiene con el pato es sosegada, amistosa, y cuando este llega su fin, es deforma aceptada, casi cariñosa. De hecho, la muerte lo, coloca en el río del viaje a la nada y le regala un tulipán que le pone encima.

Todas las ilustraciones se suceden sin fondos, sobre un blanco hueso, menos la escena en la muere el pato que reposa sobre un fondo azulado ligeramente en blanco, como una noche estrellada, tranquila, elegante. Como el libro.

José García Oliva

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CLIJ
número 205
junio 2007

Escalofríos y sonrisas, a partes iguales, nos produce este álbum necesario, este cuento sobre la muerte que Wolf Erlbruch ha realizado con un humor, una delicadeza y una inteligencia remarcables. Un cuento aparentemente sencillo, pero de enorme calado, en el pato y la muerte pasan unos días juntos, manteniendo una conversaciones “iluminadoras”, sobre el tema. El esterilizado pato y la “simpática” muerte, encarnada en una figura que no esconde su calavera sonriente con capucha negra ni porta guadaña, sino un tulipán rojo y viste informal, comparten unos días: van al estanque,  a bañarse, se suben a un árbol…y, mientras, hablan. El pato le hace preguntas sobre lo qué ocurre cuando uno deja de estar vivo, que la muerte no sabe o no puede contestar. Lo que sí le queda claro al pato es que la muerte lo ha acompañado desde que nació, aunque nunca hasta ese momento lo había notado.

Entre los personajes, que deambulan solos por las paginas de este álbum, sin escenario más allá de una mancha de color para el río o un árbol, nace una amistad. Con enorme delicadeza y cariño, la muerte se hará cargo del pato, no sin sentirse un poco triste. Así, pues, el lector queda triste pero reconfortado al cierra el libro que afronta un tema inevitable de la mejor manera posible, con ternura y humor que se desprende de los sabios dialogadas y de las etéreas y elegantes composiciones de Erlbruch, realmente un maestro indagando en temas filosóficos y presentándolos a los niños de un modo cercano e inteligible, sin perder de vista la apuesta estética.

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Alin

Nuestro protagonista es un pato que últimamente notaba algo extraño a su alrededor; hasta que por fin descubrió quien lo seguía de cerca: se trataba de la muerte; el pato se asustó al verla y le preguntó si venía a por él, ya; la muerte le contestó que lo divisaba desde que nació, por si acaso, un accidente, un resfriado serio, pero sobre todo por la terrible amenaza: el zorro.

A partir de aquí surge una alianza entre ambos; van al estanque, se zambullen en él incluso el pato arropa a la muerte para que no se enfríe tras su experiencia acuática; durante las semanas siguientes sus visitas al estanque eran menos frecuentes, sino que se quedaban donde hubiera hierba y casi no hablaban… hasta que un día… ¿qué sucederá ese día?

Sobrecogedora historia sobre el futuro y devenir, que nos hace reflexionar desde la infancia sobre un tema, en tantas ocasiones, tildado de macabro o maldito.

La propuesta sobre la página vainilla recrea, tan sólo, las siluetas de los dos protagonistas con gran sobriedad, lo que carga de mayor intensidad y fuerza la historia; la muerte nos recuerda por su aspecto a personajes sacados de la factoría de Tim Burton, otro especialista en temas un tanto delicados para la infancia; por último, la página final vuelve a incidir en una nueva historia que aún no ha comenzado: la protagonista la muerte, la coprotagonista la liebre, y el antagonista, de nuevo: el zorro.

Marisa Zapata

Revista Babar

Este cuarto álbum de Wolf Erlbruch publicado por la cuidadosa editora Barbara Fiore, El pato y la muerte, es, a nuestro juicio, el mejor de ellos.

Wolf Erlbruch, premio Andersen de ilustración en 2006, ya había demostrado, sobre todo en dos de sus trabajos anteriores: La Creación (2003), con texto de Bart Moeyaert, publicado en esta misma editorial el año pasado, y La gran pregunta (2004), con texto suyo, publicado en España al año siguiente, en la Editorial Kókinos, un enorme proceso formal de síntesis, tanto en la construcción de los escenarios como en la definición de los personajes. En ambos libros, es el fondo neutro y plano de las páginas el que acoge sus escuetas figuras sostenidas en el vacío o sobre una mínima superficie de color. Pero es en El pato y la muerte —una muerte amable que ya nos decía en La gran pregunta que estamos aquí para amar la vida— donde su mundo estético se muestra en toda su madurez, en unas composiciones tan leves, como los personajes que escenifican la historia. Una hermosa historia sobre la vida y la muerte.

Ya decía José Bergamín que la muerte es la razón de la vida. Aquí Erlbruch —el mejor Erlbruch es el que ilumina sus propios sueños—, nos lo representa a través de un breve diálogo entre un pato y la muerte. Un diálogo lleno de interrogantes, a las que el creador no da respuesta, pues quizá no existen o sólo es el lector el que concluye en las que pueda.
Una historia eficaz, contada a través de un texto cuidadosamente traducido (algo poco frecuente, sobre en los álbumes ilustrados), y unas imágenes que bien podrían proceder de un libro de arte, cuya cubierta, si la hubiera realizado Constantin Brancusi, se titularía Pájaro en el espacio.

Un libro, de una cuidadísima edición, obligatorio en toda biblioteca infantil y adulta.

Antonio Ventura

Protexta
o6-Primavera 08
Especial LIX

Esoutra caea da vida que é a morte un lugar que, erróneamente, insistimos en lles ocultar aos nenos num absurdo intento de protexelos de algo que só aso adultos nos pom medo. Wolf Erlbruch preséntanos aquí un diálogo que manteñen un parrulo e a morte. Un diálogo cheo de inteligencia e que contén todas as preguntas, mesmo as que non teñen desposta, e moitas das despostas que no facemos todos diante da idea da morte. Preguntas que conteñen a unexenuidade e a inocencia dos nenos cuando inquiren porque queren saber que é aquilo do que non lles queremos falar, aquí a morte, noutras horas a sexo.
A fermosa historia está contada coa mestrá gráfica de Wolf Erlbruch, o importante ilustrador alemán que obtivo o premio Andersen en 2006, desde a belísima portada que nos fai lembrar o Paxaro no espazo ou a Maiastra de Brancusi até páxinas interiores ocupadas coa unica presenza de ambos protagonistas sobre fondos brancos, só de cando en vez rotos por algún detalle vexetal e moi pouco máis. Será no final onde un ceo estrelado e o río introducen a mancha azul que os fai destino e camiños. As figuras, case monocromas, toman vidapor medio dos lapis de cores que contornan os corpos e danlles volume.
Ningún pai o mai debe perder a oportunidade de falar deste álbum co seu fill ou filla pequeños, será para todos un momento inesquecíbel.

Xavier P. Docampo

El Cultural
22-03-07

Los protagonistas de esta alegoría ya habían aparecido en otros libros de Erlbruch. En La gran pregunta (Kókinos), la muerte respondía a ese interrogante vital con las siguientes palabras: «Estás aquí para amar la vida» mientras que, ante esta misma cuestión, el pato confesaba: «no tengo ni idea». Más allá de un cambio de vestuario, en ambas obras la muerte tiene un rostro amable, una presencia que refleja humildad y una sabiduría reposada que se expresa en el aprecio por las pequeñas cosas. El pato sí ha cambiado, no físicamente (aunque los niños más observadores puedan hallarlo más viejo y flaco); su cambio no es explícito. Sin embargo, al terminar de leer este maravilloso álbum descubrimos que ya encontró su propia respuesta a aquella gran pregunta.
Es probable que esta continuidad no haya sido desarrollada conscientemente por el autor. No obstante, es preciso señalar que sus últimos trabajos revelan una aproximación sistemática a la hora de afrontar temas filosóficos que trasciende el mero interés por la divulgación entre el público infantil y se enraíza en una reflexión muy personal que busca alcanzar y transmitir un conocimiento “claro y distinto”.

Desde aquel topo que deseaba saber quien le había hecho eso en su cabeza (publicado por Alfaguara), pasando por ese niño que desea conocer qué sucede cuando todos duermen (Por la noche, SM) y, con mayor relevancia en la reinterpretación que emprende de El nuevo libro del abecedario del filósofo Karl Phllipp Moritz, la búsqueda de conocimiento alimenta las ilustraciones de Erlbruch y encuentra en el pequeño lector un interlocutor ideal que, a su vez , agradece que se lo tomen en serio.

Gustavo Puerta Leisse

Educación y Biblioteca
n°159, Mayo-Junio

Sobre un fondo claro y despejado como el pensamiento inocente, un pato se encuentra con la muerte. Su primera reacción es de miedo y sorpresa pero tras el susto inicial, el protagonista bombardea a la vieja Parca con preguntas sobre su destino. La convivencia entre ambos facilita la aceptación del fallecimiento del ave, mientras la muerte, a pesar de su apariencia siniestra, se trasforma en un personaje cercano y comprensivo; alguien que sólo hace su trabajo de la mejor manera posible. La dialéctica surgida entre ambos facilita la comprensión del pato y su descanso en paz, mientras el lector adulto se pregunta si es necesario ser tan explicito en un cuento para niños…

Erlbruch, como Bergman en su película El séptimo sello, construye un diálogo claro y contundente entre la muerte y su próxima victima. Ambos discurso son reflexivos y, aunque el lector implícito difiere en cuanto a la edad, los dos concluyen con la idea de que el fin de la vida es irreversible y común a todos, por lo que afrontarla con miedo no es más que una angustiosa pérdida de tiempo. La superación de la ansiedad y el disfrute de las pequeñas cosas del día a día harán el viaje más placentero. Y así, el pato se desliza por el gran río tras haber vivido feliz, sin importar su edad; porque la muerte llega sin avisar y a nadie le viene mal una buena historia que recuerde el final del camino.

Olalla Hernández

Educación y Biblioteca
Año 19 N 162 noviembre/diciembre 07

Filosofía e infancia

¿Cómo surge la idea de rescatar El nuevo libro de abecedario?
Existe una edición de 1980, un facsímil del libro original. Es un libro pequeño con ilustraciones hechas con plancha de cobre, de la época. Al leerlo me di cuenta de que se trata de texto fundamentalmente importante. Está un poco pasado de moda, por supuesto. Pero aún así, sigo encontrando vigente su postulado fundamental: se trata de que los niños abran sus ojos y miren con cuidado a su alrededor, para que descubran otras posibilidades de hacer las cosas y para que piensen cosas nuevas; para que desarrollen y transformen el mundo. Pensé que sería una buena idea hacer nuevas ilustraciones. Darle una imagen renovada, de tal modo que el lector de hoy en día se sienta más interesado por el libro que si tuvieran frente a sí la edición antigua.

Moritz es discípulo de Descates. Descartes partía de un método y perseguía unos principios que resulatarn simples, claros y comprensibles para cualquiera. Creo que esta característica también está presente en los libros de usted.Trata ideas complejas y profundas de formas muy sencilla para que los niños las entiendan. ¿Por qué hablarle a los niños de asuntos filosóficos?
La filosofía es una técnica para comprender qué estamos haciendo aquí, qué somos, qué posibilidades tenemos. la influencia de la filosofía en la sociedad no ha llegado muy lejos. Algunos de la filosofía de la sociedad han sido muy famosos y han escrito libros famosos, pero sus ideas no se han extendido a la sociedad en general. La filosofía no tiene mayor alacance porque la mayoría de la gente no conoce el pensamiento filosófico. Claro que existe una filosofía popular pero, obviamente, esta es mucho más simple. Yo no sé cual es la verdad. Pero si sé que hay que pensar, buscar tratar de que las cosas te hablen. Y así, acumulas muchas informaciones. vas uniendo cabos. Y disponiendo de este saber quizás el mundo sea un poco más rico para ti.

Comparto su visión. ¿Pero la pueden compartir los niños?
La literatura infantil en general considera a los niños, con un nivel más bien bajo y trata asuntos estúpidos. Mis libros te pueden confrontar con asuntos que normalmente no están en los libros para niños. Yo los ideo de forma que también puedan motivar a los padres. Mi interesa propiciar un diálogo entre hijos y padres; con preguntas, como es normal. Pero no es fácil. hay muchos prejuicios, hay mucha basura. aún así creo en el diálogo. creo que el diálogo entre padres y hijos es buenos para ambos. Por un lado, los padres se dan cuenta de que, a menudo, los pensamientos de los niños son profundos, extraídos de sus experiencias del mundo. Por otro, los adultos han vivido más tiempo y pueden darle una explicación más satisfactoria a algunas cosas gracias a su experiencia.

El proceso y la muerte.

Hay otro aspecto muy filosófico que creo hallar en sus libros. tengo la impresión de que cada uno de ellos es el resultado de un proceso y no un medio para transmitir un concepto preexistente o para enseñar algo que sabe de antemano. ¿Es así?
Si, es cierto. Te doy el ejemplo de El pato y la muerte. empezó por algo muy sencillo, por un marcapáginas que pinté para un amigo. En él puse tres figuras juntas: dos patos y la muerte. me pareció que era una bonita imagen, así que hice una copia para mí. le di el marcapaginas a mi amigo, le gustó y me olvidé. eso fue hace muchos años, alrededor de 1994. hará unos 6 años, encontré mi copia en un cajón. Entonces pensé que sería una buena idea hacer un libro con estos tres personajes, pero no sabía exactamente qué. Lo devolví al cajón y nuevamente pasó el tiempo. Dos años más tarde volví a ello, intenté escrbir algunas historias pero todas terminaron siendo muy complicadas, muy largas; las imágenes estaban llenas de detalles y no conseguía llegar a la esencia de la historia. Intenté simplificar el argumento lo más posibleal mismo tiempo, las ilustraciones se hicieron más y más simples. también busqué la máxima concisión en las cosas nímias, como en los adjetivos… De este modo, saqué todo de los dibujos, excepto al pato, la muerte y el tulipán. Em versiones anteriores el tulipán había sido tan grande como el pato y la muerte, pero en la versión definitiva es pequeño. 

También plantea la muerte como algo simple. 
El pato y la muerte es una historia simple, sin un final. No soy alguien que diga que sepa qué es la muerte, que sepa que pasará  después. Más bien, quería mostrar cómo la gente maneja sus creencias. Como sucede con otras cosas, la muerte también tiene sus imágenes (por ejemplo, la de ir al cielo), pero nadie sabe si realmente es así. Yo tampoco. No cuestiono las imágenes existentes, sino que manifiesto que no lo sé. Personalmente
creo que nos vamos y volvemos de alguna forma, pero no sé en qué forma:si es en forma de trompa de elefante o como un árbol o de algún otro modo. Lo que he querido mostrar con este libro es que, para empezar, tenemos que morir. es una pena, pero no hay otro remedio. esta muerte es simpática pero, finalmente, es la muerte y se lleva a ese pato con con el que nos identificamos. No quise poner seres humanos porque podía recordarles a alguien a su padre o a sua buelo y tampoco lo puse en un contexto humano para tener una figura neutral. Es un pato, no sabemos si femenino o masculino, y nos representa.

Me sorprendió mucho encontrar al mismo pato y a la misma muerte en La gran pregunta.
Cuando pensé en ese libro, decidí probar primero la figura de la muerte en otro libro. No sé si le parece mal…

No, no, al contrario. Pensé que quizás estaba jugando con los símbolos. ¿Intenta usar las mismas imágenes?
Hay muchas cosas que vuelven en diferentes libros.

También me pregunto, ¿porqué el tulipán?
Podemos ver en él un símbolo de la vanidad. en la pintura flamenca del siglo XVI y XVII, el tulipán venía a ser un símbolo de la decadencia de la belleza: la belleza está ahí por un minuto y luego desaparece. Aunque yo no pensara así cuando los hice, créame. Sin embargo, cualquiera podría interpretarlo de esa forma.

Un libro que a mí me ha resultado muy extraño es La Creación…
[Risas] Es verdad, es un texto extraño.

Es un relato que se inspira en una versión teatral contemporánea de una pieza musical de Hadyn que a su vez se inspira en el texto bíblico. La interpretación que usted hace con su ilustración es muy peculiar.
El texto es muy moral. Bart Moeyaert es un escritor belga, flamenco, no católico. Es un pietista, que es una religión muy estricta. Moeyaert aborda en La creación la lucha entre Dios y el hombre.. “No sé quién soy”, “Tengo miedo”, dice el protagonista. Pero también dice: “Soy alguien”, “Sé bueno conmigo y no me olvides”, “Soy algo especial, en comparación con el resto de la creación”. En éste texto se ve muy bien lo que somos: pequeños hombres haciendo preguntas difíciles sobre nuestra pequeña existencia. Es un texto con un claro significado moral pero, en otro sentido, también es una historia irónica.

Y usted es muy irónico.
Si, lo intento.

Es difícil encontrar juntos la ironía y la religión o el humor y la filosofía. Tampoco es habitual su estilo, escribir de estos temas con humor.
Empleo el humor porque si no sería insoportable. Pensar en nuestra importancia es tan ridículo que tengo que usar el humor. Al reflejar la banalidad de mi propia existencia reflejo la de los demás.
Algunos asumen su existencia de forma modesta y otros se crecen mucho. Hombres ricos, políticos, incluso artistas, creen que son muy importantes, más importantes que un árbol, y no es así. 

Editores y premios

¿Cómo es su relación con sus editores?
Tengo varios editores. No me he quedado sólo con uno porque creo que diferentes libros requieren diferentes editores. Tengo la sensación de que este editor es el mejor para este libro, y suelo estar ,contento con la decisión.

¿Trabajó con Hermann Schuz?
Sí. Fue mi primer editor. Hay una forma de pensar en Peter Hammer que entonces consideré que iría bien para mis libros. Publiqué muchos libros en esta editorial. Pero en determinado momento no avancé más. Tenía la sensación de que debía probar con otros editores; así que busqué alguien que entendiera mejor mi sentido del humor.
A veces con Hermann Schulz fue difícil, a veces fue fácil. No protesto, es un buen editor, es una buena editorial y hacen un buen trabajo. He hecho unos calendarios para ellos, quizás algún día repita con los libros, ya veremos… No quiero sentirme muy presionado, me gusta saber que puedo decidir no hacer un libro en los próximos dos años o que no quiero hacer libros para niños ahora, sino otras cosas. Con ellos me siento bien.

Con usted sucede algo muy interesante: sus libros son poco concesivos, difíciles, originales y, sin embargo, ha sido reconocido tanto con premios, como el Andersen, como por la impronta que ha marcado a jóvenes ilustradores. No es habitual que esto suceda.
Si, es verdad. Quizás se deba a algo que ha sido apuntado por algún crítico: lo que digo es original, son cosas que vienen de mi vida. Realmente mis historias tienen que ver con mi pensamiento y no con llegarle a un segmento de lectores especifico.
No pienso en el mercado. Los editores a veces tienen discusiones del tipo: este libro es para niños de tres años?  de seis años? A mi me importa un comino, creo que niños de cualquier edad podrán encontrar algo en el libro… quizás… o quizás no…

Qué ha significado para usted ganar el premio Andersen?
Puf! No lo sé. Todo el mundo dice que es un honor. Vale, es un honor. Pero si una persona le da un premio a otra, uno siempre debe preguntarse cómo se ha llegado a esta elección: qué asuntos políticos habrán mediado, quién lo otorga, cuál es el perfil de los miembros del jurado y si ellos son de verdad los más apropiados para juzgar lo que se hace.
Con un premio nunca se sabe, así que no significan mucho para mi. Para mi es más gratificante cuando siento que mis libros circulan y que la gente los lee. Que lleguen a los niños y los adultos, eso es lo que me parece más importante.
Está muy bien ganar el Andersen, claro, es un horror. Somos los únicos animales de la tierra que nos damos premios. Lo dije en mi discurso. Ningún conejo le dará a otro conejo un premio por saltar más alto. Los humanos nos damos premios los unos a los otros para enseñar a los demás lo importante que somos. Es algo muy nuestro, pero no son tan importantes. Es más importante aquello que hacemos. Será bueno no darle los premios a hombres mayores que ya son famosos. Los premios deberán darse a los jóvenes, para motivarlos.

Empezar

¿Cuál es su consejo para un ilustrador de libros para niños que esté empezando?
Que no empiecen demasiado pronto, que esperen. Tienen que ser maduros, lo cual no es tan fácil. Tener el asentamiento del adulto. Ser un niño tampoco es tan fácil. Ellos ven el mundo como es, ellos lo entienden como nosotros también lo entendemos, es decir, no mucho. Todos entendemos algunos datos, claro. Pero no sabemos por qué estarnos aquí, no lo tenemos claro y quizás nunca lo tengamos. Para tomar conciencia de cuánto nos parecemos al niño, para pensar que el niño no vive en un mundo de algodón rodeado de ositos todo el rato, hace falta crecer.

Porqué su interés por el libro álbum como medio para expresarse?
Porque tengo la sensación de que puedo hacer algo en este campo. Creo que con el libro álbum puedo usar un lenguaje humorístico, irónico, será, cambiante… que me da libertad en lo que digo. Es muy bueno hacer libros para niños que no sólo sean para los niños. También pueden ser para padres, como habíamos dicho. También pueden estimular el diálogo. Cuando hice con Werner Holzwarth El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza, que hoy en día se considera un libro para niños, nadie consideraba oportuno publicarlo y no les parecía apto para los pequeños. Su éxito a sido retardado.

Hay maestros que consideran que El topo que quería saber quién se había hecho aquello en su cabeza era un libro que enseña la venganza a los niños.
Bah! Tienes que ser un maestro para, después de mirar todo ese catálogo de cacas, concluir que el mensaje del libro es la venganza…

Es muy difícil llevar la filosofía a los niños y admiro mucho su trabajo. Pero lo que me parece más dificil de todo es ser tierno. Y usted es realmente bueno en esto.
Simplemente que me gustan las .criaturas. Los niños, pero también los adultos, los animales… Tengo hijos. Tengo sentimientos. Tengo interés por lo que está detrás de la fachada de la.gente. No puedo odiar a la gente adulta porque los veo de niños. Incluso el ser más extraño ha.sido niño. Lo hacía en mi infancia con mis profesores cuando iban en contra de mí, los imaginaba de niños y podía entenderlos mejor, con sus problemas y sus reacciones injustas.

Se nos acaba el tiempo. Por favor recomiéndenos un libro.
Abecedario de la escritora danesa Inger Christensen. Es un poema-muy largo donde hace una lista de todo lo que hay en la Tierra. Tenemos la sensación de un milagro, de la maravilla.

Gustavo Puerta Leisse                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                     

Exitexpress

Del 13 al 16 de este mes se celebra en Bolonia la Feria del Libro Iinfantil, en la que España es en esta ocasión el país invitado, y donde unos desdichados criterios ministeriales respecto a la selección se han acabado traduciendo en que los visitantes a este encuentro no verán exactamente a los mejores de nuestros ilustradores, aunque alguno ha quedado en la criba, sino a un plantel en el que nuestras editoriales tienen depositadas actualmente sus esperanzas comerciales.

Pero allí, en Bolonia, ahora hace un año, se premiaba en el apartado Ficción 2004 como el mejor libro a La gran pregunta de Wolf Erlbruch, seguramente uno de los pocos auténticamente grandes de la ilustración que hoy existen en el mundo, y del que quisiera comentarles algunas cosas

Erlbruch nació en Wuppertat en 1948, y lo único que le quedó de su paso infantil por las escuelas fue un odio hacia las mismas, hasta que, a punto de entrar en la veintena, se encontró con el dibujo en la Folkwanscbule filr Gestaltung de Essen-Werden. A la salida de aquel centro volcaría sus esfuerzos en el diseño y en la ilustración, en la última de las cuales fue haciendo un recorrido por Play Boy, Esquire o Stern. Hasta que la casualidad le puso en contacto con la literatura infantil en 1985, fecha en la que le encargaron ilustrar la obra del ghanés James Aggrey El águila que no quería volar.

Y fue, a partir de ese instante, en que, paulatinamente, y con una audacia creciente, fue encontrando su voz y su línea en este ámbito hasta llegar a ser uno de los dos o tres auténticamente grandes.

¿Qué es lo que le ha hecho singular? por un lado, su altísima capacidad como dibujante vinculado a la mejor tradición (el noruego Olaf Gulbransson, a la cabeza), destreza que parece últimamente arrinconada por la creciente moda de que los libros ilustrados deben regirse mas por las tendencias que por la generosidad de habilidades. Pueden ver, al respecto, dentro de su pobre representación en el mercado español, títulos como El topo que quería saber quién había hecho aquello en su cabeza en Alfaguara, Los cinco horribles en Juventud, El milagro del oso en lóguez, o El taller de las mariposas en Barbara Fiore Editora, que les confirmaran que hacia tiempo que no veían dibujar con esa sabiduría.

Por otro lado, cuando ha decidido ser el autor de sus textos ha demostrado la coherencia con una brillante línea ideológica en la que el conocimiento nace siempre de la duda continua: el oso que sabe cómo hablar y comer, pero pregunta a todo el mundo acerca de su comportamiento para ser padre, u, otro ejemplo, el conjunto de personajes -un piloto, un niño, la muerte, un boxeador…- que, en la obra galardonada en bolonia, se interrogan sobre su papel en la tierra, todo lo cual está tan ingeniosamente expuesto que es una de esas pocas ocasiones en las que los libros hacen de intermediarios para que los adultos sepamos más de los niños y ellos más de nosotros (cuán brillante es esa por la noche, en sm, en la que pedro recorre la ciudad de la mano de un padre somnoliento incapaz de ver todas las maravillas que hay en la oscuridad).

Pero el gran, el grandísimo Erlbruch, hoy catedrático de dibujo en la universidad de su ciudad natal, es el que apoya su visión del mundo con apelaciones gráficas a la memoria individual y colectiva: fondos de papeles cuadriculados de los viejos cuadernos, mapas, sellos de goma, imágenes de antiguas enciclopedias ilustradas, paneles de estampados caseros que, en collage con sus poderosos dibujos, sirven para recordar que los grandes sentimientos tienen también su propia topografía. Y en este punto nos toca esperar a que las editoriales españolas se animen con Die grobe frage, Das hexen-enma-eins (sobre texto de Goethe), Zehn grüne heringe…, o Neues abc-buch de Karl Philipp Moritz, el último de los cuales Barbara Fiore Editora publicara dentro de unos meses.

Felipe Cava

 

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