El pato y la muerte

978-84-934811-8-6

Wolf Erlbruch

El pato y la muerte

Marzo 2007 / Cartoné / 24 x 30 / 32 páginas + guardas / 15 €

Sinopsis

“Siempre llega un momento en que el niño se pregunta sobre la muerte. Ingenuamente, con toda la naturalidad del mundo. Los padres lo saben, pero pocas veces tienen preparada una respuesta simple y convincente. El personaje de la muerte en este libro de Erlbruch es una acompañante silenciosa y leve como una pluma, siempre presente aunque no la percibamos: Desde hacía tiempo, el pato notaba algo extraño. -¿Quién eres? ¿Por qué me sigues tan de cerca y sin hacer ruido? La muerte le contestó: -Me alegro de que por fin me hayas visto. Soy la muerte. El pato se asustó. Quién no lo habría hecho. -¿Ya vienes a buscarme? -He estado cerca de ti desde el día en que naciste… por si acaso. -¿Por si acaso? -preguntó el pato. -Sí, por si te pasaba algo. Un resfriado serio, un accidente… ¡nunca se sabe! - Sí, nunca se sabe… pero si de algo podemos estar seguros es que Wolf Erlbruch responde con sencillez las grandes preguntas con la poesía de sus ilustraciones y de sus historias. Para niños y adultos.“

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Un libro para mecerse entre las plumas de la muerte. Una muerte simpática que siempre nos acompaña para que no quedemos solos. Una muerte silenciosa que nos despide acariciándonos con un tulipán. El tulipán que nos guiará en nuestra marcha. Un libro para mecerse en los silencios, en las palabras, en las ilustraciones.
Wolf Ehrlbruch consigue que nazca un tulipán en algún lugar de nuestro desordenado corazón. Un tulipán sin edad para niños, para nosotros y para los que ya piensan en marchar.

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Alin

Nuestro protagonista es un pato que últimamente notaba algo extraño a su alrededor; hasta que por fin descubrió quien lo seguía de cerca: se trataba de la muerte; el pato se asustó al verla y le preguntó si venía a por él, ya; la muerte le contestó que lo divisaba desde que nació, por si acaso, un accidente, un resfriado serio, pero sobre todo por la terrible amenaza: el zorro. 

A partir de aquí surge una alianza entre ambos; van al estanque, se zambullen en él incluso el pato arropa a la muerte para que no se enfríe tras su experiencia acuática; durante las semanas siguientes sus visitas al estanque eran menos frecuentes, sino que se quedaban donde hubiera hierba y casi no hablaban… hasta que un día… ¿qué sucederá ese día?

Sobrecogedora historia sobre el futuro y devenir, que nos hace reflexionar desde la infancia sobre un tema, en tantas ocasiones, tildado de macabro o maldito.

La propuesta sobre la página vainilla recrea, tan sólo, las siluetas de los dos protagonistas con gran sobriedad, lo que carga de mayor intensidad y fuerza la historia; la muerte nos recuerda por su aspecto a personajes sacados de la factoría de Tim Burton, otro especialista en temas un tanto delicados para la infancia; por último, la página final vuelve a incidir en una nueva historia que aún no ha comenzado: la protagonista la muerte, la coprotagonista la liebre, y el antagonista, de nuevo: el zorro.

Marisa Zapata

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Educación y Biblioteca
n°159, Mayo-Junio

Sobre un fondo claro y despejado como el pensamiento inocente, un pato se encuentra con la muerte. Su primera reacción es de miedo y sorpresa pero tras el susto inicial, el protagonista bombardea a la vieja Parca con preguntas sobre su destino. La convivencia entre ambos facilita la aceptación del fallecimiento del ave, mientras la muerte, a pesar de su apariencia siniestra, se trasforma en un personaje cercano y comprensivo; alguien que sólo hace su trabajo de la mejor manera posible. La dialéctica surgida entre ambos facilita la comprensión del pato y su descanso en paz, mientras el lector adulto se pregunta si es necesario ser tan explicito en un cuento para niños…

Erlbruch, como Bergman en su película El séptimo sello, construye un diálogo claro y contundente entre la muerte y su próxima victima. Ambos discurso son reflexivos y, aunque el lector implícito difiere en cuanto a la edad, los dos concluyen con la idea de que el fin de la vida es irreversible y común a todos, por lo que afrontarla con miedo no es más que una angustiosa pérdida de tiempo. La superación de la ansiedad y el disfrute de las pequeñas cosas del día a día harán el viaje más placentero. Y así, el pato se desliza por el gran río tras haber vivido feliz, sin importar su edad; porque la muerte llega sin avisar y a nadie le viene mal una buena historia que recuerde el final del camino.

Olalla Hernández

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CLIJ
número 205
junio 2007

Escalofríos y sonrisas, a partes iguales, nos produce este álbum necesario, este cuento sobre la muerte que Wolf Erlbruch ha realizado con un humor, una delicadeza y una inteligencia remarcables. Un cuento aparentemente sencillo, pero de enorme calado, en el pato y la muerte pasan unos días juntos, manteniendo una conversaciones “iluminadoras”, sobre el tema. El esterilizado pato y la “simpática” muerte, encarnada en una figura que no esconde su calavera sonriente con capucha negra ni porta guadaña, sino un tulipán rojo y viste informal, comparten unos días: van al estanque, a bañarse, se suben a un árbol…y, mientras, hablan. El pato le hace preguntas sobre lo qué ocurre cuando uno deja de estar vivo, que la muerte no sabe o no puede contestar. Lo que sí le queda claro al pato es que la muerte lo ha acompañado desde que nació, aunque nunca hasta ese momento lo había notado.

Entre los personajes, que deambulan solos por las paginas de este álbum, sin escenario más allá de una mancha de color para el río o un árbol, nace una amistad. Con enorme delicadeza y cariño, la muerte se hará cargo del pato, no sin sentirse un poco triste. Así, pues, el lector queda triste pero reconfortado al cierra el libro que afronta un tema inevitable de la mejor manera posible, con ternura y humor que se desprende de los sabios dialogadas y de las etéreas y elegantes composiciones de Erlbruch, realmente un maestro indagando en temas filosóficos y presentándolos a los niños de un modo cercano e inteligible, sin perder de vista la apuesta estética.

El Cultural
22-03-07

Los protagonistas de esta alegoría ya habían aparecido en otros libros de Erlbruch. En La gran pregunta (Kókinos), la muerte respondía a ese interrogante vital con las siguientes palabras: «Estás aquí para amar la vida» mientras que, ante esta misma cuestión, el pato confesaba: «no tengo ni idea». Más allá de un cambio de vestuario, en ambas obras la muerte tiene un rostro amable, una presencia que refleja humildad y una sabiduría reposada que se expresa en el aprecio por las pequeñas cosas. El pato sí ha cambiado, no físicamente (aunque los niños más observadores puedan hallarlo más viejo y flaco); su cambio no es explícito. Sin embargo, al terminar de leer este maravilloso álbum descubrimos que ya encontró su propia respuesta a aquella gran pregunta.
Es probable que esta continuidad no haya sido desarrollada conscientemente por el autor. No obstante, es preciso señalar que sus últimos trabajos revelan una aproximación sistemática a la hora de afrontar temas filosóficos que trasciende el mero interés por la divulgación entre el público infantil y se enraíza en una reflexión muy personal que busca alcanzar y transmitir un conocimiento “claro y distinto”.

Desde aquel topo que deseaba saber quien le había hecho eso en su cabeza (publicado por Alfaguara), pasando por ese niño que desea conocer qué sucede cuando todos duermen (Por la noche, SM) y, con mayor relevancia en la reinterpretación que emprende de El nuevo libro del abecedario del filósofo Karl Phllipp Moritz, la búsqueda de conocimiento alimenta las ilustraciones de Erlbruch y encuentra en el pequeño lector un interlocutor ideal que, a su vez , agradece que se lo tomen en serio.

Gustavo Puerta Leisse

Revista Babar

Este cuarto álbum de Wolf Erlbruch publicado por la cuidadosa editora Barbara Fiore, El pato y la muerte, es, a nuestro juicio, el mejor de ellos.

Wolf Erlbruch, premio Andersen de ilustración en 2006, ya había demostrado, sobre todo en dos de sus trabajos anteriores: La Creación (2003), con texto de Bart Moeyaert, publicado en esta misma editorial el año pasado, y La gran pregunta (2004), con texto suyo, publicado en España al año siguiente, en la Editorial Kókinos, un enorme proceso formal de síntesis, tanto en la construcción de los escenarios como en la definición de los personajes. En ambos libros, es el fondo neutro y plano de las páginas el que acoge sus escuetas figuras sostenidas en el vacío o sobre una mínima superficie de color. Pero es en El pato y la muerte —una muerte amable que ya nos decía en La gran pregunta que estamos aquí para amar la vida— donde su mundo estético se muestra en toda su madurez, en unas composiciones tan leves, como los personajes que escenifican la historia. Una hermosa historia sobre la vida y la muerte.

Ya decía José Bergamín que la muerte es la razón de la vida. Aquí Erlbruch —el mejor Erlbruch es el que ilumina sus propios sueños—, nos lo representa a través de un breve diálogo entre un pato y la muerte. Un diálogo lleno de interrogantes, a las que el creador no da respuesta, pues quizá no existen o sólo es el lector el que concluye en las que pueda.
Una historia eficaz, contada a través de un texto cuidadosamente traducido (algo poco frecuente, sobre en los álbumes ilustrados), y unas imágenes que bien podrían proceder de un libro de arte, cuya cubierta, si la hubiera realizado Constantin Brancusi, se titularía Pájaro en el espacio.

Un libro, de una cuidadísima edición, obligatorio en toda biblioteca infantil y adulta.

Antonio Ventura

El Diario de Jerez

Un nuevo libro de Barbara Fiore que, como siempre, hace raya: ¿un libro para niños? ¿Y por qué no? ¿Por qué no? ¿Por qué habla de la muerte, porque sale la muerte? Es un libro emocionante, poético hasta en el diseño de los personajes, aunque esté contado en prosa. Si el pato no deja de ser un pato, aunque eso sí muy estilizado. La muerte parece muy familiar: parece que lleva un babi y una alpargatas o sandalias: ¿cómo consigue Wolf Erlbruch hacer de este personaje, siempre tan siniestro en la literatura, un ser próximo y entrañable?
La conversación que tiene con el pato es sosegada, amistosa, y cuando este llega su fin, es deforma aceptada, casi cariñosa. De hecho, la muerte lo, coloca en el río del viaje a la nada y le regala un tulipán que le pone encima.

Todas las ilustraciones se suceden sin fondos, sobre un blanco hueso, menos la escena en la muere el pato que reposa sobre un fondo azulado ligeramente en blanco, como una noche estrellada, tranquila, elegante. Como el libro.

José García Oliva