Marzo 2011 / Rústica / 15 x 20 / 136 páginas / 12 € ![]()
Sinopsis
La fuga es un homenaje al jazz, al amor, a la dignidad, a los abuelos, y nos recuerda que ellos también han tenido treinta años y toda la vida por delante. Una historia magistralmente narrada… sin palabras.
La Cárcel de Papel
Sensaciones
Publicado el 5 Febrero 2008
A simple vista, La Fuga es un apresurado resumen de la vida. Un retrato de la brevedad de la existencia a través de las vivencias de un músico de jazz.
A simple vista.
Pero veamos este libro de otra forma. Nada más abrir la primera página, detengámonos en lo que vemos, hagamos que nuestra vista se comporte como la aguja de un antiguo gramófono y sigamos las elegantes líneas de Pascal Blanchet, convertidas en surcos en la página. ¿Lo oyen? Poco a poco lo vamos oyendo, ese rítmico compás de la batería Art Blakey que nos va marcando el paso de una línea a otra cuando, de repente, el piano de Oscar Peterson comienza a sonar y la voz de Sarah Vaughan se escucha de fondo, envolviéndolo todo y llevándonos por la página. Y a partir de aquí, dejémonos llevar por esa música que nos llega en forma de imágenes, que hablan de amor a la música y de amor a la vida, de los momentos que forman el álbum de fotos de nuestra vida. En poco más de un centenar de páginas, Blanchet logra una extraña unión de imposibles: imágenes que evocan música, ilustraciones que se animan y conforman secuencias de dinámica propia, bitonos que explotan en un arcoiris. Una especie de eclosión sinestésica donde los sentidos se confunden y entrelazan para conseguir una experiencia única. Lo que debería ser una seguido de ilustraciones a toda página, estáticas, toma vida y movimiento, quizás avivadas por el aliento del gran Al Hirschfeld, omnipresente, inspirador claro de esa línea refinada y delicada, que nos lleva entre algodones. La ausencia de palabras confirma tan sólo lo que estábamos viviendo: que La Fuga no es un libro para leer. Es un libro que se siente.
La preciosa y cuidada edición de Barbara Fiore sólo hace que acrecentar la experiencia sensitiva, incorporando a todo lo -cortamente-expresado el gozo del libro-fetiche.
Y no os perdáis la página web de Pascal Blanchet. Una preciosidad.
Álvaro Pons
Bienevenidos a la fiesta
La fuga, del canadiense Pascal Blanchet es una novela gráfica casi sin texto, compuesta con ilustraciones a doble página inspiradas en el cartelismo y el grafismo publicitario de los años treinta y cuarenta. Las sucesivas imágenes, todas en rojo y marrón, muestran los recuerdos de un hombre: su juventud, su afición por el jazz, su noviazgo, su trabajo como pianista, su ancianidad. Hay acierto en la correspondencia que se da entre las ilustraciones, desproporcionadas y elásticas, y el ritmo propio del jazz; así como en el modo sintético y contenido en que se transmiten ambientes y emociones. Supongo que no todos los lectores conectarán con este mundo tan particular y con el modo tan estilizado en que se presenta. En cualquier caso el libro pide un tiempo de lectura pausado y, seguramente, sea una buena idea escuchar al mismo tiempo las canciones de la época que se sugieren al final (si uno las tiene a su alcance…).
Y una cuestión de diseño. Yo valoro positivamente la coherencia del autor de pedir que su libro vaya en un tipo de papel pulposo y de color crudo que recuerde las viejas fundas de papel de los discos de jazz de 78 rpm, pero lo cierto es que tal decisión va en detrimento del atractivo del libro, no creo que le aporte algo verdaderamente significativo y, a estas alturas, quienes podrían sentir la evocación que se busca no leerán un libro como éste, salvo excepciones excepcionalísimas. En cualquier caso reitero que, para mí, tal elección merece un aplauso, más aún cuando ya se ve que no está guiada por motivos comerciales.
Luis Daniel González
El Cultural
13 de Noviembre 2007
En la imagen visual hay una especial tensión entre la inmediatez de nuestra percepción, la fugacidad con que remplazamos una imagen por otra y la persistencia e impacto que tienen en nosotros algunas representaciones. Estos rasgos nos llevan a contemplarla de un modo contradictorio y al mismo tiempo calificarla de ilusoria, fácil, superficial o perjudicial. En muchos aspectos la imagen visual y la musical comparten rasgos comunes. Desde su misma estructura La fuga, del joven artista francés Pascal Blanchet (1980), desarrolla paralelismos entre un lenguaje y otro.
Libro sonoro. Libro sin palabras. Una frase musical articula una pieza que se despliega a tres tintas por la vida de un músico que en un ritmo apresurado y conciso fluye ante nuestros ojos y oídos. Conjuga distintos tempos, la improvisación y la precisión, los solos y la articulación rítmica en una obra que carece de un destinatario específico, abunda en las relecturas posibles y mueve a su antojo nuestra emotividad. Obra para cualquier edad que posibilita muy variadas audiciones.
Gustavo Puerta Leisse
Educación y Biblioteca
año 20- n.163 enero/febrero 2008
Nuestro camino vital es como una extraña sinfonía, llenas de continuas improvisaciones, pero con una serie de movimientos predeterminados. Nacemos, crecemos, nos enamoramos, dejamos, nos dejan, y un día, abandonamos todo.
El protagonista de esta genialidad, encuentra su fuga una tarde de senectud, escondida en la nota de un solitario piano. Es entonces cuando el recuerdo, con todo su amargura, le hace volver a todos los lugares donde fue feliz, al bar donde la vio por primera vez, a sus primeros pasos en la gran cuidad; a las largas noches en el club de Jazz, a aquella madrugada de la actuación perfecta, del aplauso sincero. Al final de la guerra. Para terminar perdido entre sus pasos solitarios, confuso terriblemente a solas. Aquel poeta no se equivocaba cuando decía que le hubiera gustado ser piano expresar fielmente sus sentimientos, porque a través de este placentero experimento visual en rojo y marrón, queda claro que las palabras sobran en cuanto fluyen las notas.
Entre las ilustraciones, esterilizadas e impresas sobre un papel de gramaje similar al de los viejos envoltorios del vinilo, parecen esconderse guiños a carteles cinematográfico, como el de Vértigo o de alguna obras clásicas del cine francés.
Además la obra debe disfrutarse aderezada con una mas que recomendable banda sonora, sugerida en la hoja final. Este se compone de una exquisita selección discografía que aglutina diferentes maneras de entender el Jazz y que incluye desde el Solitude de Holiday hasta el Oh lawd, Im on my way de Armstrong & Russ García Orchestra.
Lorenzo Soto
Alin
Original, sorprendente, novedoso y vanguardista álbum sin palabras y musical, que se nos antoja sublime y de efectista empaque, en el que la historia y el decurso perfectamente hilvanados, nos sumergen en la secuencial vida de un músico y su devenir, desde su adolescencia hasta su senectud.
Se trata, en realidad, de una novela gráfica de narración fílmica en la que la ilustración, cercana al cartelismo, se convierte en la principal protagonista; mediante unas siluetas de marcado carácter evocador, que nos sitúa en la década de los años treinta; con decadentes colores, entre los que sobresalen las pinceladas ácidas de un vívido rojo; imágenes sumamente expresivas que van marcando con exactitud y precisión simbólica la diacronía de su protagonista.
Su genialidad radica en el hecho de crear una la historia de toda una vida a partir de imágenes ilustradas, que nos hacen sentir la pasión por la música y su magia; no obstante, resultará excesivamente posmoderno a quienes se acerquen a un libro infantil esperando un cuento de hadas. Evidentemente, no gustará a todos; pero, a otros, les encantará.
Al final el autor propone, a su vez, una selección discográfica para dejarse seducir por unos acordes al tiempo que te deleitas con su lectura.
13 millones de naves
Revista de comics
Les recomiendo que no caigan en mi error a la hora de leer esta obra magna. No se dejen llevar por el impulso y la avidez que provoca su preciosa portada y no se apresuren a devorarlo. Les propongo que empiecen por ir a la última página y traten de recopilar cuantas canciones les sea posible del “tracklist” que ahí aparece. Una vez conseguido escojan una buena butaca, pongan el play y disfruten, porque lo que tienen entre manos no es moco de pavo.
La Fuga es algo así como una biografía musical hecha tebeo; así dicho parece sencillo pero trasladar el ambiente de un musical al formato de historieta es una difícil hazaña. No sé muy bien como -y ahí está la gracia- pero Pascal Blanchet ha conseguido trasladar el ritmo, el desenfreno y el alegre trotar de las primeras Big Bands a través de unas increíbles ilustraciones.
Me vienen a la cabeza muchas cosas, las portadas de discos de jazz de Jim Flora, las ilustraciones de los carteles de las películas de Jacques Tati, los títulos de crédito de Saul Bass, el episodio del Rapsody in Blue de Gershiwn que salía en Fantasía, los carteles publicitarios de los años 30, por citar algunas. Si nadie me le hubiera dicho situaría a La Fuga y a su autor justo en el contexto al que pertenece su protagonista: Un pianista de jazz que vive en primera persona la primera gran guerra y que en la cruda soledad de sus últimos días recuerda tiempos pretéritos como única vía de escapatoria.
Por si fuera poco la edición está cuidada hasta el último detalle, el papel es como el de los viejos discos de 78 rpms y tan solo se han utilizado rojos y marrones para los dibujos. Por suerte la edición española ha respetado todos y cada uno de estos detalles, cosa que se agradece y mucho.
La estructura narrativa es brutal: hay ilustraciones que ocupan dos páginas enteras y en cambio en otras Blanchet se permite el lujo de dejar una de las dos páginas vacías. El relato es casi mudo con lo cual se subraya el tono musical de la obra. Muchos de los dibujos juegan con la perspectiva e incluso con la geometría; la ilustración del protagonista haciéndose un huevo frito es una auténtica obra maestra.
Estamos ante uno de esos tebeos que provocan aquello que Juanjo Saez llamaba El Sentimiento Místico. Cito textualmente parte de la definición de Juanjo Saéz para que quede más claro:“hay determinadas cosas que nos tocan una extraña fibra, que nos hacen vibrar, una curiosa sensación muy común pero inexplicable…”.
Fernando Sagaz
Vectoralia
Siguiendo con nuestra serie de artículos dedicados a comics que se han creado íntegramente con programas de dibujo vectorial, queremos compartir aquí un comentario sobre el excelente La Fuga de Pascal Blanchet, el mismo autor de White Rapids.
La fuga, en versión española, ha sido ha editado por una pequeña editorial que tiene un catálogo de un gusto impecable: Barbara Fiore. La edición original fue publicada por Éditions de la Pastéque de Montréal, Québec. Es una historia aparentemente sencilla y contada con una gran economía de medios, pero que oculta una inmensidad de sentimientos y emociones que se abren paso a cada página. Un músico ya anciano y con el fin ya muy cerca, recuerda los momentos más significativos de su vida, con la música como esencia de lo que ha sido y en definitiva como elemento trascendente que quedará fluyendo siempre, más allá de su existencia terrena.
Cuando uno piensa en el estilo gráfico moderno y la música de Jazz es inevitable que venga a la cabeza Jim Flora. Buena parte de su obra más conocida era, al fin y al cabo, un puente entre el diseño y la música. Llevar la sensibilidad de un ámbito al otro, algo difícil en sí, Flora lo hacía con suma facilidad. Aquí, Pascal Blanchet ha salido airoso de la misma prueba. Como una prueba adicional de esta integración, al final tenemos un recortable con la discografía que nos aconseja para sumergirnos en la historia. Cada sección cuenta con su propia banda sonora, con una variedad de música de Big Bands como las de Duke Ellington, Benny Goodman o Louis Armstrong.
La fuga es un homenaje al jazz, al amor, a la dignidad, a los abuelos, y nos recuerda que ellos también han tenido treinta años y toda la vida por delante. Una historia magistralmente narrada… sin palabras.
En poco más de un centenar de páginas, Pascal Blanchet logra una extraña unión de imposibles: imágenes que evocan música, ilustraciones que se animan y conforman secuencias de dinámica propia, bitonos que explotan en un arcoiris. Una especie de eclosión sinestésica donde los sentidos se confunden y entrelazan para conseguir una experiencia única. Lo que debería ser una seguido de ilustraciones a toda página, estáticas, toma vida y movimiento, quizás avivadas por el aliento del gran Al Hirschfeld, omnipresente, inspirador claro de esa línea refinada y delicada, que nos lleva entre algodones. La ausencia de palabras confirma tan sólo lo que estábamos viviendo: que La Fuga no es un libro para leer. Es un libro que se siente. (del comentario sobre la Fuga en la web de la editorial).
La fuga, gráficamente, es un homenaje a todo el estilo gráfico moderno y elegante que se puede disfrutar en una parte de los diseñadores gráficos e ilustradores que trabajaron en especial a lo largo de los años 50… Lustig, Rand, Bass, Al Hirschfeld… Muchas de las ilustraciones del libro nos recuerdan ciertamente algunos de los momentos más inspirados de películas de animación, cortos comerciales o carteles. Por ejemplo, una de los guiños que nos hace Blanchet es una revisión del famoso cartel de Saul Bass para Vértigo.
Sucede con demasiada frecuencia que en las ediciones extranjeras de una obra no se respetan detalles que sí tienen su importancia, como el tipo de papel y la rotulación. Pienso, por ejemplo, en la edición española de Krazy & Ignatz de George Herriman que, aún teniendo sus aspectos positivos, ha descuidado aquello que redondearía la edición, en lo que se refiere al papel elegido y la rotulación. No es este el caso, por fortuna, de la edición que Barbara Fiore ha hecho de La Fuga. El papel es una parte integral del efecto global de la obra y se ha respetado la elección original. Un papel crema que recuerda la funda de los discos antiguos, como nos muestra la misma portada; es importante tanto su tacto y gramaje como su color. Un color de papel que sirve como tono unificador de la gama cromática limitada al rojo y el marrón de la historia de Blanchet. La rotulación es mínima y bien integrada en las imágenes, respetando el estilo que había utilizado el autor en la versión original, y nos guía entre largos pasajes mudos (o deberíamos decir acompañados por la música implícita), en los que la narrativa íntegramente corre a cargo del dibujo. No es, por tanto, un cómic al uso, con los típicos bocadillos para los diálogos, o una narración en off. El texto se ha reducido casi al mínimo y tiene más de exquisito cuento ilustrado que de historieta.
Técnicamente, para aquellos que disfrutamos de la técnica vectorial de dibujo, hojear La Fuga, como también sucede con Jazz Club y con White Rapids, es una lección continua de cómo sacar partido a un programa como Illustrator para resolver los retos narrativos y plásticos que tiene el dibujante de cómics. Es un libro que se disfruta, del que se aprende y que se quiere tener cerca como inspiración: cada página puede ser una propuesta o un reto para el ilustrador: ¿cómo harías para conseguir este efecto? ¿cómo resolverías esta ilustración en particular? Preguntas que el artista disfruta tanto de intentar responder como de contestar con una nueva pregunta.
Que lo disfrutéis.
Joan Mas
ABCD
Las Artes y las Letras
ABC 816, Semana del 22 al 28 de Septiembre de 2007
Toda una vida en imágenes y pocas, poquísimas palabras. Esta nueva propuesta de Barbara Fiore nos emociona hasta lo más profundo a través de un músico que fue joven hace mucho años. Un personaje que sabe que siempre se vuelve al primer amor. En su caso son dos, aunque quizás inseparables: el piano y el jazz.
Las ilustraciones de Pascal Blanchet golpean en La fuga con su sinceridad, casi feroz: dibujos que nos plantan frente a situaciones tristes, difíciles, pero que son ante todo grandes verdades. En este caso, la eterna verdad de la vida y la muerte, que a lo mejor se parecen bastante en la vivencia y el recuerdo del protagonista; en la hora final sólo añora lo que realmente lo hizo feliz y es lo que ayuda a dar el último paso…
Los libros de esta editorial tienen siempre una edición impecable, además de la cuidadosa elección de los autores e historias. Son verdaderos “libros-objeto” que hacen de la lectura una experiencia aún más rica.
Y este titulo en particular invita a seguir más allá del ejemplar en sí: contiene una discografía que bien puede acompañar a ésta y a otras muchas lecturas.
Gabriela Pedranti
Minuto digital
La fuga es una historia gráfica sin palabras, pero con música; por favor, no cometa el error de empezar este libro por el principio, inicie su lectura por el final, se lo recomiendo.
Pero también le recomiendo que no se arme sólo de una buena silla, de sus gafas y de una buena lámpara, por favor, le ruego encarecidamente que prepare su lectura con un buen equipo de sonido.
La Fuga, es un canto al Jazz y un canto al recuerdo, a la añoranza, a la juventud rememorada, a la vejez solitaria y a tantas y tantas cosas.
La fuga no es un libro que se lee, ni un libro que se ve, es un libro que se escucha. Hágase con alguna o todas las piezas musicales que figuran en su última hoja (le recomiendo alguna de Billie Holiday o la inolvidable Nightmare de Artie Shaw), y cuando empiecen a sonar los primeros acordes sumérjase en la lectura de esta aventura gráfica que le llevara a los prodigiosos años 40, al esplendor del jazz, de las grandes orquestas americanas, y recordará sus sueños y su juventud.
Un encanto de libro, no sólo para lectores empedernidos, sino también para musicólogos impenitentes.
El Periodico / DOMINICAL / TEBEO DE VERDAD
Iconotropia 18/03/08
Dejaboo 18/03/08
La fuga es un acto de amor al jazz. A medio camino también entre el libro ilustrado y el cómic, Pascal Blanquet aborda de forma original su trabajo: no hay paneles y cada página es una ilustración completa. La fuga nos resume la vida de un pianista de jazz que pasa revista a sus años mozos poco antes de que llegue su hora: su niñez aprendiendo a tocar, las noches de clubbing, la tranquila senectud… Una meditación sobre el paso del tiempo pero también sobre la pasión que puede mover una vida: la música. Impreso en dos colores, rojo y marrón, persiste en las páginas una línea maleable, que recuerda a la estética de los discos de jazz de los años 40 y 50, y que aporta una sensación de dinamismo y viveza. Todo el álbum parece haberse escapado del arte de algún disco de Ella Fitzgerald. Hay que destacar por último, la exquisita labor de Barbara Fiore en la cuidadísima edición de ambos tomos.
Josep Oliver



