978-84-934811-5-5
Pascal Blanchet
Septiembre 2007 / Rústica / 15 x 20 / 136 páginas / 15 €
Sinopsis
La fuga es un homenaje al jazz, al amor, a la dignidad, a los abuelos, y nos recuerda que ellos también han tenido treinta años y toda la vida por delante. Una historia magistralmente narrada… sin palabras.
ERRATA: en el catálogo el precio es erroneo y la encuadernación también.
El precio correcto es de 15 Euros y la ecuadernación es rústica con solapas.
13 millones de naves
Revista de comics
Les recomiendo que no caigan en mi error a la hora de leer esta obra magna. No se dejen llevar por el impulso y la avidez que provoca su preciosa portada y no se apresuren a devorarlo. Les propongo que empiecen por ir a la última página y traten de recopilar cuantas canciones les sea posible del “tracklist” que ahí aparece. Una vez conseguido escojan una buena butaca, pongan el play y disfruten, porque lo que tienen entre manos no es moco de pavo.
La Fuga es algo así como una biografía musical hecha tebeo; así dicho parece sencillo pero trasladar el ambiente de un musical al formato de historieta es una difícil hazaña. No sé muy bien como -y ahí está la gracia- pero Pascal Blanchet ha conseguido trasladar el ritmo, el desenfreno y el alegre trotar de las primeras Big Bands a través de unas increíbles ilustraciones.
Me vienen a la cabeza muchas cosas, las portadas de discos de jazz de Jim Flora, las ilustraciones de los carteles de las películas de Jacques Tati, los títulos de crédito de Saul Bass, el episodio del Rapsody in Blue de Gershiwn que salía en Fantasía, los carteles publicitarios de los años 30, por citar algunas. Si nadie me le hubiera dicho situaría a La Fuga y a su autor justo en el contexto al que pertenece su protagonista: Un pianista de jazz que vive en primera persona la primera gran guerra y que en la cruda soledad de sus últimos días recuerda tiempos pretéritos como única vía de escapatoria.
Por si fuera poco la edición está cuidada hasta el último detalle, el papel es como el de los viejos discos de 78 rpms y tan solo se han utilizado rojos y marrones para los dibujos. Por suerte la edición española ha respetado todos y cada uno de estos detalles, cosa que se agradece y mucho.
La estructura narrativa es brutal: hay ilustraciones que ocupan dos páginas enteras y en cambio en otras Blanchet se permite el lujo de dejar una de las dos páginas vacías. El relato es casi mudo con lo cual se subraya el tono musical de la obra. Muchos de los dibujos juegan con la perspectiva e incluso con la geometría; la ilustración del protagonista haciéndose un huevo frito es una auténtica obra maestra.
Estamos ante uno de esos tebeos que provocan aquello que Juanjo Saez llamaba El Sentimiento Místico. Cito textualmente parte de la definición de Juanjo Saéz para que quede más claro:"hay determinadas cosas que nos tocan una extraña fibra, que nos hacen vibrar, una curiosa sensación muy común pero inexplicable...”.
Fernando Sagaz
ABCD
Las Artes y las Letras
ABC 816, Semana del 22 al 28 de Septiembre de 2007
Toda una vida en imágenes y pocas, poquísimas palabras. Esta nueva propuesta de Barbara Fiore nos emociona hasta lo más profundo a través de un músico que fue joven hace mucho años. Un personaje que sabe que siempre se vuelve al primer amor. En su caso son dos, aunque quizás inseparables: el piano y el jazz.
Las ilustraciones de Pascal Blanchet golpean en La fuga con su sinceridad, casi feroz: dibujos que nos plantan frente a situaciones tristes, difíciles, pero que son ante todo grandes verdades. En este caso, la eterna verdad de la vida y la muerte, que a lo mejor se parecen bastante en la vivencia y el recuerdo del protagonista; en la hora final sólo añora lo que realmente lo hizo feliz y es lo que ayuda a dar el último paso…
Los libros de esta editorial tienen siempre una edición impecable, además de la cuidadosa elección de los autores e historias. Son verdaderos “libros-objeto” que hacen de la lectura una experiencia aún más rica.
Y este titulo en particular invita a seguir más allá del ejemplar en sí: contiene una discografía que bien puede acompañar a ésta y a otras muchas lecturas.
Gabriela Pedranti
El Cultural
13 de Noviembre 2007
En la imagen visual hay una especial tensión entre la inmediatez de nuestra percepción, la fugacidad con que remplazamos una imagen por otra y la persistencia e impacto que tienen en nosotros algunas representaciones. Estos rasgos nos llevan a contemplarla de un modo contradictorio y al mismo tiempo calificarla de ilusoria, fácil, superficial o perjudicial. En muchos aspectos la imagen visual y la musical comparten rasgos comunes. Desde su misma estructura La fuga, del joven artista francés Pascal Blanchet (1980), desarrolla paralelismos entre un lenguaje y otro.
Libro sonoro. Libro sin palabras. Una frase musical articula una pieza que se despliega a tres tintas por la vida de un músico que en un ritmo apresurado y conciso fluye ante nuestros ojos y oídos. Conjuga distintos tempos, la improvisación y la precisión, los solos y la articulación rítmica en una obra que carece de un destinatario específico, abunda en las relecturas posibles y mueve a su antojo nuestra emotividad. Obra para cualquier edad que posibilita muy variadas audiciones.
Gustavo Puerta Leisse
Bienevenidos a la fiesta
La fuga, del canadiense Pascal Blanchet es una novela gráfica casi sin texto, compuesta con ilustraciones a doble página inspiradas en el cartelismo y el grafismo publicitario de los años treinta y cuarenta. Las sucesivas imágenes, todas en rojo y marrón, muestran los recuerdos de un hombre: su juventud, su afición por el jazz, su noviazgo, su trabajo como pianista, su ancianidad. Hay acierto en la correspondencia que se da entre las ilustraciones, desproporcionadas y elásticas, y el ritmo propio del jazz; así como en el modo sintético y contenido en que se transmiten ambientes y emociones. Supongo que no todos los lectores conectarán con este mundo tan particular y con el modo tan estilizado en que se presenta. En cualquier caso el libro pide un tiempo de lectura pausado y, seguramente, sea una buena idea escuchar al mismo tiempo las canciones de la época que se sugieren al final (si uno las tiene a su alcance...).
Y una cuestión de diseño. Yo valoro positivamente la coherencia del autor de pedir que su libro vaya en un tipo de papel pulposo y de color crudo que recuerde las viejas fundas de papel de los discos de jazz de 78 rpm, pero lo cierto es que tal decisión va en detrimento del atractivo del libro, no creo que le aporte algo verdaderamente significativo y, a estas alturas, quienes podrían sentir la evocación que se busca no leerán un libro como éste, salvo excepciones excepcionalísimas. En cualquier caso reitero que, para mí, tal elección merece un aplauso, más aún cuando ya se ve que no está guiada por motivos comerciales.
Luis Daniel González
