El álbum y el libro ilustrado está enviando una señal resplandeciente, distintiva, desde hace años. No es que toda la producción sea tan luminosa, pero las editoriales especializadas –Kókinos, OQO, Kalandraka, Serres, Ekaré y otras- ofrecen obras magníficas, dirigidas a los menores de edad y de interés general. Barbara Fiore se halla entre las última llegadas al sector, pero los álbumes que publica ya la hacen sobresalir, son marcas especiales, tal lo es esta historia sin palabras elaborada por un gran artista, del cual se encuentra dos bellas y singulares obras (castellano y catalán) en la misma editorial.
El australiano Shaun Tan ofrece ahora una novela gráfica silenciosa, en acertada expresión del editor, con la que conmueve, pues penetra en las capas profundas de un ser humano que emigra a un país lejano, lugar del que desconoce incluso los detalles y referencias culturales más inmediatas, más normales. A comienzos del siglo XX, un hombre fija la mirada en los objetos -reloj, cazuela, tetera, maleta, foto de familia- mientras prepara el viaje y une sus manos a las de su mujer, y luego despiertan a la hija y salen los tres a la calle, en una ciudad dormida, solitaria, sobre la que se cierne un extraño dragón. Son viñetas planos cortos y amplias perspectivas, de atmósfera grises y oscuras, técnica fotográfica y tonalidades que no varía en el recorrido argumental, a no ser los colores en los pocos momentos que hay algo de luz azulina, de expansión y alegría. Tras larga travesía el emigrante alcanza el nuevo mundo, y allí se encuentra muy solo, sin afectos o relaciones, incapaz de interpretar el entorno, sean el puerto marítimo y salas de control y aduanas, o sean las calles y los espacios que sean, por los cuales deambula una vez se siente inmerso en su peripecia. Nada comprende, le asombran las nubes de humo saliendo por las enormes chimeneas, son formas de vida impenetrables para él los gigantescos edificios y fábricas y desconoce el idioma, los signos elementales que le dirige la gente, y hasta los animales doméstico le resultan raros.
Entonces, si ni él sabe descifrar esos misterios, que puede pensar quien le está observando? Quien mira atento las imágenes apenas entiende, desvela el sentido de ciertos objetos, construcciones y figures, todo ello surrealista, simbólico pero reconstruye en su mente el relato de esas vivencias, de las ya descritas y de las siguientes: el pasado doloroso de una jovencita oriental, la búsqueda de trabajo, los primeros amigos y relaciones, la charla con un anciano veterano de una guerra, las fatigas, esfuerzos y sinsabores que, al fin, conducen a la esperanza y el reencuentro familiar.
Pablo Barrena
